sábado, 20 de octubre de 2012

012 – Nuestra visita a Astorga y al Archivo Histórico Diocesano


012 – Nuestra visita a Astorga y al Archivo Histórico Diocesano

Luego de visitar Piedralba, de conocer sus calles, sus casas y su antiguo cementerio, volvimos a la ciudad de Astorga para recorrerla puesto que habíamos planeado dormir allí esa primera noche.

Conocimos la Plaza Mayor y allí disfrutamos de unas cañas y tapas mientras esperábamos que los muñecos maragatos del campanario de Ayuntamiento tañeran las campanas a la hora. Luego conocimos los cimientos, muros y dependencias de una asombrosa casa romana, que disponía de instalaciones de agua corriente y de aguas servidas, y de un ambiente que por su forma y circulación de agua fresca funcionaba como una conservadora de alimentos. Sin lugar a dudas se trataba de un adelanto para la época, también, de la casa de un prestigio funcionario romano.

Para el día siguiente teníamos previsto concurrir bien temprano al Archivo Histórico Diocesano, ubicado sobre uno de los edificios que se encuentran contiguos a la Catedral Santa María de Astorga, para buscar datos sobre los Martinez Martinez.

Astorga, un punto de encuentro de las rutas jacobeas con mucha historia

Astorga, como ciudad, fue fundada en el Siglo I por los romanos a partir del campamento militar que allí habían asentado. A la ciudad a llamaron "Astúrica Augusta".

Registros históricos refieren que esta ciudad era ya un conglomerado poblacional en las Edades de Bronce y de Hierro que se completaba con otros grupos cercanos, entre ellos, los hoy pueblos rurales de Oteruelo y Piedralba, que se habían formado a partir de los castros. Esta región lionesa circundante a Astoga fue históricamente un “sitio de ocupación”, ya fuera por el intereés de explotar las minas de oro y plata existentes en las montañas del Teleno, ya fuera por la posición geográfica que ocupaba, estratégica en las guerras cántabras, o en la ocupación musulmana y la posterior reconquista cristiana, o en la ocupación de las tropas napoleónica y la histórica resistencia astorgana.

Al respecto el sitio web de la Diócesis de Astorga[1] señala:

“… Desde las múltiples vías romanas que la atravesaban según el itinerario de Antonino, uniendo a Astúrica Augusta, capital del extenso Convento Jurídico de los Astures, con Braga, Lugo, Zaragoza, Burdeos, Roma, Zamora, Salamanca, Mérida y Cartago, siempre ha sido Astorga una encrucijada de caminos para el arte, la religión y la cultura…”.

“…  En ella se funden también las dos más importantes rutas jacobeas: el Camino Francés y la Vía de la Plata. Estas comunicaciones privilegiadas y la plena romanización de Astúrica, centro vital y estratégico para la explotación gigantesca de las Médulas o minas de oro, propiciaron la pronta llegada del Evangelio de Cristo a estas tierras…”.


[1] Sitio web de la Diócesis de Astorga:  http://www.diocesisastorga.es/


Astorga ha sido desde épocas inmemoriales un lugar visitado por gente de toda Europa. Hoy llegan a ella cada año decenas de miles de peregrinos que se aventuran por el Camino de Santiago de Compostela y por la Vía de la Plata. Mucha gente procedente de distintas regiones de España, de países de Europa y del mundo llena sus calles, sus plazas y paseos, disfrutan de la amabilidad de su gente, su historia y la arquitectura, también, de su inconfundible gastronomía. Muchos vienen a Astorga a compartir las fiestas religiosas de la gente de esta ciudad y las de los pueblos de la Comarca Maragata.

Durante el día se aprecia la continua llegada de peregrinos que recorren las calles de Astorga, particularmente aquellas que conducen a la Catedral de Santa María, el lugar obligado de paso y de autenticación de esta etapa del periplo jacobeo. De noche, las calles y las plazas se llenan de gente y de ruidosa juventud que, en un “ir y venir por los bares de tapas”, disfrutan de las exquisiteces de la cocina maragata, de la repostería astorgana y de su chocolatería.

A su casco histórico, circunscrito por antiguas murallas que “protegen” la ciudad y los edificios antiguos, “confluyen” los “tantos” Caminos de Santiago “como” peregrinos hubo recorriéndolos desde el Edad Media hasta la hoy, quizás, todos impulsados por esa “magia” generada por la propia Fe.

A Astorga ya llegan juntos los Caminos de Santiago más recorridos de la historia, los caminos del Norte, el Francés y el Aragonés. A ese mítico derrotero hacia Santiago de Compostela se unen en Astorga los peregrinos que optaron por transitar la Vía de la Plata y por los demás caminos del centro y sur de España. A partir de allí las rutas jacobeas se convierten en una sola, la etapa final de casi 260 km hacia la Catedral de Santiago de Compostela, en A Coruña, en Galicia.

Mi proyecto de “vivir la experiencia” del Camino de Santiago

Tengo en mis planes hacer el Camino Aragonés hacia Santiago de Compostela en bicicleta. Soy conciente que este proyecto debo realizarlo en el “corto plazo” porque creo que no tengo mucho tiempo para esperar, sobretodo porque tengo presente que hay que disponer de una buena condición física para recorrerlo.

Mi interés por “vivir la experiencia” del Camino de Santiago es llegar a “sentir”, y si puedo llegar a comprender, por qué tanta gente ha sido motivada a recorrerlo durante más de 1.200 años, gente procedente de distintas partes de Europa y recientemente de todo el mundo cristiano católico que lo ha transitado a pie, a caballo y en bicileta.

Creo que hay varias razones que se suman para que emerja en uno ese interés por recorrerlo. El camino, ya sea el Camino Aragonés (850 km de extensión) con su partida en Somport en Aragón, o el Camino Francés (775 km de longitud) con inicio en Saint Jean Pied de Port, en Francia, pasando por Roncesvalles / Orreaga, en Navarra, España, atraviesa bellos y singulares paisajes, llanuras onduladas y montañas que desafían a los peregrinos hasta su llegada en Santiago de Compostela, en A Coruña, Galicia. Camino que también se “inmiscuye” a través de las callejuelas de antiguas ciudades medievales, todas ellas “llenas” de historia, todas ellas “ricas” en cultura y “plagadas” de edificios antiguos donde se “mezclan” la arquitectura románica, la gótica, la plateresca y el barroco.

Me imagino que el Camino de Santiago, toda vez que atraviesa esos antiguos pueblos y caseríos medievales, irá transmitiendo al peregrino toda esa “plenitud” de creencias y “riqueza” de leyendas populares atesoradas durante años en la memoria de cantineros y posaderos a lo largo del Camino. Me imagino que el simple hecho de transitar el Camino de Santiago ha de ir poniendo de manifiesto todo ese misticismo que “transmiten” los conventos, monasterios e iglesias medievales, también, esas sensaciones particulares que se siente en la oportunidad de visitar esos lugares silenciosos que guardan mucha historia.

Cuando recorra el Camino de Santiago haré de él un relato de mis vivencias y de mis sensaciones que trataré de acompañarlas con mis propias fotografías de modo de dejar un testimonio de mi experiencia de vivir el Camino de Santiago “desde adentro”.

Creo que ésa ha de ser, sin lugar a dudas, una importante parte de “mi historia” dentro de estas “Historias de mi Familia”.

Nuestro segundo día en Astorga

Al día siguiente fuimos a la Catedral para averiguar los horarios del Archivo Histórico Diocesano para atender al público y en un “stand” de venta de libros y de ingreso al Museo de la catedral fuimos informados que a partir de las 10:30 horas el Archivo abría sus puertas.



Portal de ingreso al Archivo Histórico Diocesano de Astorga
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

A esa “hora señalada”, estuve presente en el Archivo y me senté en el parapeto de piedras del acceso a la espera de que se abrieran sus puertas. Esperé por más de una hora pero nadie apareció con la llave, ni siquiera había “ruiditos” en el interior del edificio que sugiriera alguna respuesta a mis insistentes “toques de timbre”. Evidentemente algo anormal estaba pasando. O yo había sido mal informado, o había alguna otra razón que desconocía y que justificaba el hecho de que el Archivo no abriese en horario.

Volví a aquel “stand” de la Catedral para que me confirmaran los horarios y me respondieron que esperara en la puerta del Archivo “… pues… seguramente se han demoradoya van a abrir…”.

Retorné a la puerta del Archivo Diocesano a esperar. Como no tenía otra cosa por hacer, no tardé mucho tiempo en relevar todos los detalles estructurales y constructivos de la fachada del edificio y los de la puerta. Cuando concluí este relevamiento que me entretuvo por varios minutos, ya un poco aburrido de esperar, otro tanto fastidiado, me alejé de la puerta ganando la vereda para tener una mejor visión de los movimientos de las personas a la distancia, con la ilusión de anticipar quién sería la persona que abriría las puertas y calmaría mi ansiedad.

En determinado momento, por detrás de la Catedral, apareció una persona que por su vestimenta intuí que preguntándole alguna información me podría brindar respecto del Archivo Diocesano. Esta vez no me equivoqué. No bien esta persona estuvo al alcance le pregunté por lo que más me inquietaba en ese momento, le pregunté sobre el horario de apertura del Archivo.

Sin que fuera necesario formalizar otra pregunta la persona me respondió con gentileza, también con precisión. Allí recién fui informado que “… el archivo no atiende los miércoles de todas las semanas del año…”.  Estaba claro que esa la razón de la “demora” por la cual el Archivo no abría sus puertas, también, la de mi espera. Debo ser sincero pero esa respuesta me dejó sin palabras porque me “cambiaba mis esquemas”.

Ante éste mi asombro, inmediatamente expliqué mi situación poco cómoda: “… Mire, yo estoy viniendo de Argentina para buscar datos de mis bisabuelos y de mi abuelo que vivieron en Piedralba y esta tarde me estoy viajando para León y mañana para Madrid. De allí ya vuelvo a Argentina…”.

Esta intervención mía quedó “flotando por el aire” y con el transcurso de los segundos se transformó casi en una pregunta. Su respuesta no se hizo esperar. Si la primera había sido para mi un respuesta repentina e inesperada, esta segunda sería lacónica y muy alejada de mis planes: “…Señor,… el Archivo atiende de 10:30 a 13:30 horas, excepto los miércoles, sábados y días festivos y del 15 de agosto al 15 de septiembre. Luego hoy es miércoles,…  el Archivo está cerrado, Tendrá que venir otro día, o si quiere, llame por teléfono…”.

Respuesta más clara que ésta no podía haber porque ese día era el miércoles 25 de Mayo de 2011. Tampoco creo que podía hacer otra pregunta ¿Qué hacer entonces para obtener los datos de los bisabuelos y del abuelo? Creo que la única posibilidad que quedaba en ese momento era la de cambiar de planes. Haciendo ahora una mirada retrospectiva, me alegro de haber cambiado de planes porque de ahí en adelante, hasta recoger los datos que buscaba en el Archivo, todo fue un devenir de acontecimientos que salieron sin contratiempos y coordinados, como si “alguien” los hubieran planificado. Sin lugar a dudas todo ello resultó así, también, porque se “cruzaron en nuestro camino” personas magníficas que pusieron todo de sí para que nos sintiéramos bien atendidos y para que nos lleváramos de Astorga la mejor impresión y los mejores recuerdos.  En este sentido debo agradecer a la Señorita Sonia Cobos Carracedo y al Señor Cura Párroco de Piedralba, Don Blas Miguélez Vara, las atenciones recibidas y el tiempo que ellos nos dispensaron.

Así fue que esa mañana de miércoles nos fuimos a León donde teníamos reservado un hotel, y al día siguiente volveríamos a Astorga, al Archivo Diocesano, “… a la hora señalada…”.

En esta segunda oportunidad fuimos recibidos, Ana María, mi señora Mónica y yo, de maravillas, por la señorita Sonia Cobos Carracedo de quien guardo inestimables recuerdos y agradecimientos, nuevamente, por las atenciones que nos brindó.

A Sonia la conocimos e hicimos las presentaciones del caso en la misma vereda de ingreso al Archivo Histórico Diocesano, donde nosotros “estábamos montando guardia”. Fue allí mismo, junto al parapeto de piedras que el día anterior había “oficiado” de asiento, donde le expliqué a Sonia qué era lo que nos traía al Archivo. Inmediatamente ingresamos al edificio y a medida que íbamos subiendo las escaleras del Archivo Histórico Diocesano fui explicando a Sonia los detalles de los datos que buscaba. Sin mediar demoras, Sonia nos llevó directamente a la sala de lectura y allí nos asignó un escritorio. A los pocos minutos vino con los Libros Diocesanos de la Parroquia de Piedralba que se encontraban depositados en ese Archivo.


Los Libros Diocesanos de Piedralba en el Archivo Histórico Diocesano de Astorga. Uno de ellos es el Libro n° 1 cuyos primeros asientos de bautismo y nacimiento datan del año 1693
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Al tiempo que recibíamos los Libros, Sonia me preguntó con el típico acento español: “… Pues dime, Eduardo,… como es el apellido que buscáis, el de tus abuelos…”. Sin mediar pausa, quizás apurado por mi ansiedad de saber si había algún antecedente de la familia en esos registros, le respondí: “… Martinez,… Martinez es mi apellido, el de mi padre, el del abuelo y del bisabuelo…”. En cuanto mencioné mi apellido y mi interés por conocer y recabar dentro de lo posible la información sobre mis bisabuelos, mi abuelo y sus hermanos y familiares, casi sin pausa, Sonia agregó: “… Pues,… … entonces tu eres maragato…, los Martinez son muchísimos, son todos originarios de los pueblos de la Maragatería…. Seguro que encontraréis los datos que buscáis…”.

Luego, como ya les he mencionado en otro capítulo, cuando pude adentrarme en la lectura de los archivos manuscritos originales de la Parroquia de Piedralba de la época, pude comprobar que el apellido Martinez y los demás apellidos que conforman nuestro árbol genealógico estaban allí, manuscritos en un papel rústico, casi un cartón, perfectamente conservados. No pude contener mi asombro cuando comprobé que el apellido Martinez ya se encontraba registrado en los primeros asientos del primer Libro Diocesano Parroquial que data del año 1693.

En ese Libro Parroquial n° 1 encontramos, entre todos los Martinez, Pérez, Andrés, otras vez Martinez, Santos, más  Martinez, del Río, las actas de los bautismos y nacimientos del Bisabuelo Don Fernando Luis Martinez Perez y de la Bisabuela Dominga Martinez Martinez.


Acta de Bautismo y Nacimiento del Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez del Libro Diocesano n° 1 de Bautismos y Nacimientos de Piedralba
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Detalle del Acta de Bautismo y Nacimiento del Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez
Fecha del Acta y de Bautismo del Bisabuelo Fernando: 07 de Junio de 1836
Fecha de Nacimiento del Bisabuelo Fernando: 03 de Mayo de 1836
 (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


 Acta de Bautismo y Nacimiento de la Bisabuela Dominga Martinez Martinez del Libro Diocesano n° 1 de Bautismos y Nacimientos de Piedralba

(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Detalle del Acta de Bautismo y Nacimiento de la Bisabuela Dominga Martinez Martinez
Fecha del Acta y de Bautismo de la Bisabuela Dominga: 08 de Marzo de 1839
Fecha de Nacimiento de la Bisabuela Dominga: 05 de Febrero de 1839
 (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

En base a esta búsqueda, pudimos individualizar el acta de nacimiento del Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez  Al respecto mucho debo agradecer a la señorita Sonia Cobos Carracedo la gentileza que tuvo en elaborar y enviarnos por correo a Argentina una copia del certificado de bautismo y de nacimiento del Bisabuelo.

Habiendo encontrado las actas de bautismo y de nacimientos de los Bisabuelos, padres de Don Bernardo Martinez Martinez, le solicité a Sonia me indicara en qué libro del Archivo Histórico Diocesano de Astorga podía encontrar la información sobre el nacimiento del Abuelo Bernardo.

La respuesta de Sonia fue muy precisa pero también sobrevino con una pregunta: “… Eduardo, si el bautismo o nacimiento de tu Abuelo no está en estos libros es porque no está en el Archivo… ¿En qué año nació tu Abuelo?...” Mi respuesta no se hizo esperar porque el dato lo tenía en mi mente, y por seguridad, anotado en mi libreta de viaje: “… Sonia,… el Abuelo nació el 01 de Marzo de 1867…”.

Su respuesta fue exacta: “… El acta de bautismo de tu Abuelo no está aquí porque debe estar asentado en el Libro Parroquial n° 2. Como ese libro aún se encuentra abierto porque no se ha completado, seguramente está en la Parroquia de Piedralba. Inmediatamente hablo con Don Blas, quien es el Cura Párraco y si es así, trataré de que él los pueda atender…”

Antes de que se cumpliera el horario de cierre del Archivo, Sonia vino a nosotros con una excelente noticia: “… Eduardo, hablé con Don Blas y él está ahora en León reunido con el Arzobispo. Me confirmó que os espera esta tarde a las 16:00 hs en su despacho de la Casa Parroquial. Me confirmó que el Libro Parroquial n° 2 lo tiene en su despacho y que seguro que el acta de bautismo de tu Abuelo está en él… … Yo tengo que cerrar el archivo en unos minutos y a la salida os acompaño para mostrarles dónde está la Casa Parroquial… … Queda aquí cerca, frente a la Catedral de Santa María, no se pueden perder…”.

Nuestra reunión con Don Blas Miguélez Vara, Cura Párroco de Piedralba

A las 16:00 hs de ese jueves 26 de Mayo de 2011, en medio de una lluvia de primavera, estábamos Ana María y yo golpeando la hermosa puerta de madera de dos hojas de la Casa Parroquial de Piedralba, ubicada en la calle de la Plaza de la Catedral, 3, Astorga.

Don Blas Míguelez Vara nos atendió sin hacernos esperar, con mucha amabilidad y cortesía. Nos hizo pasar a su despacho desde el cual podíamos observar el frente de la majestuosa Catedral de Santa María.

Nuestra conversación con Don Blas tocó varios temas todos relacionados con estas cuestiones que todos sentimos en algún momento de la vida por buscar nuestros orígenes,  de saber quiénes fueron y de dónde vinieron nuestros ancestros, de historias de la Comarca de la Maragatería, e historias de sus propios ancestros. En algún momento de esa conversación abordamos qué pudo haber ocurrido en la vida de mis Bisabuelos y de mi Abuelo para que ellos tomaran la decisión de dejar su terruño, de dejar sus ancestros, y por lo que resultó luego con el devenir de los años, la de dejarlos definitivamente en Piedralba. De hecho mencioné a Don Blas que ellos se habían quedado para siempre en Argentina, dado que tanto el Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez como la Bisabuela Dominga Martinez Martinez y mi Abuelo Bernardo Martinez Martinez y mi Abuela Encarnación Rosell Boher habían fallecido en Mendoza en los años 1906, 1912, 1942 y 1931 respectivamente, y que los cuatro habían sido enterrados en el Cementerio Municipal de la Capital de Mendoza, en Argentina.

En nuestra charla de un cementerio pasamos al otro. Fue allí cuando me animé a introducir en la conversación aquella intuición que había tenido al estar frente a las desvencijadas puertas del cementerio parroquial de Piedralba, intuición que se fue transformando en sospechas y que luego confirmé cuando revisé la noche anterior en el hotel de León la información que tenía en mi cámara fotográfica.

Llegado ese momento les aseguro que pospuse por unos segundos la introducción del tema, hasta que ordené bien mis ideas porque no sabía cómo podían ser tomadas mis palabras. Más o menos así empecé: “… Don Blas, creo que en ese cementerio están enterrados muchos de mis ancestros. Creo que allí está una parte importante de mi. ¿Por qué el cementerio está,… …, digamos… …, con el pasto muy alto?...”.

La respuesta de Don Blas no se hizo esperar, creo tampoco tuvo que pensarla durante mucho tiempo, sólo quizás, el tiempo suficiente para ordenar sus ideas: “… Mire, Eduardo, la historia de ese cementerio es tan antigua como los archivos diocesanos, o más. Allí se encuentran enterradas todas las personas de la parroquia de Piedralba cuyas actas de defunción han sido registradas en los libros diocesanos…”.

(A esta altura de la recién comenzada respuesta de Don Blas pensé para mi adentro, al tiempo que “me corría hielo por mi esternón”: “… aquí están los Martinez y sus ancestros. Aquí hay más de mi ADN enterrados que en cualquier otra parte el mundo…)

Don Blas continuó con su relato con los siguientes conceptos, más o menos con estas palabras: “… En ese cementerio no se entierra más gente. Ese cementerio se desactivó alrededor del año 1950 en razón de que ya estaba completo. No se podía seguir usando porque no había más lugar. Era necesario abrir otro cementerio y esto fue motivo de un conflicto entre la Parroquia y la Junta Vecinal de Piedralba. Los vecinos querían levantar ese cementerio parroquial antiguo porque se encuentra inserto en el medio del pueblo. Eduardo, Ud.  lo habrá visto por lo que me dice…”. “… En ese entonces la Parroquia se opuso a esta medida levantar el cementerio porque la Iglesia priorizó la preservación de la memoria de esos feligreses allí enterrados. En definitiva en ese pequeño cementerio está una parte de la historia del pueblo. El conflicto hoy no se encuentra terminado. Para no ahondar el problema, se abrió un nuevo cementerio que administra la Junta Vecinal y se dejó el antiguo cementerio en manos de la Parroquia, como siempre fue…”.  (En este punto de la conversación pensé, “… si el destino del antiguo cementerio está en manos de la Parroquia, podría estar en manos de Don Blas una futura decisión respecto de su destino…”.).

Entonces sobrevino otra pregunta mía planteada en dos tiempos. La primera parte de mi pregunta la planteé con la formalidad que reinaba la reunión: “… Al respecto, Don Blas, la Iglesia qué piensa hacer con ese cementerio,…”, y continué con la segunda parte, ya animándola a hacerla con cierto sentido de humor: “… digo que piensa hacer porque mire Don Blas que, a juzgar por la cantidad de mi ADN que hay allí, ese predio casi casi es de los ancestros de los Martinez…”.

La respuesta de Don Blas tampoco se hizo esperar en esta oportunidad y me hizo su devolución con un muy buen sentido del humor, primero: “… Mire Eduardo, no se le vaya a ocurrir reclamar propiedad alguna de sus ancestros en Piedralba porque lejos de adquirir un bien, seguramente adquirirá un problema, o mejor, un dolor de cabeza… Me parece que allí se deben muchos años de impuestos a la tierra y no vaya a ser cosa que Ud. tenga que pagar más de lo que la tierra vale. En ese caso, alguno seguramente se pondría contento de recibir algún dinero…”.

Y Don Blas continuó y completó su respuesta con la seriedad que caracterizó la reunión: “…Hablando del cementerio. Hay varias ideas en el Arzobispado de León sobre qué hacer con ese predio antiguo y por supuesto con el recuerdo de las personas allí enterradas. Le voy a comentar una postura. Se ha propuesto que ese cementerio se preserve en memoria de los feligreses allí enterrados. La idea es que se limpie y se remueva todo lo que está en la superficie, se siembre pasto y se mantenga. Luego en un único monolito erigido en el centro del predio, se pondrían los nombres de todos los fallecidos…”.

Mi respuesta: “… Don Blas, no sé cuales son las otras propuestas, pero ésta me resulta atendible en orden a preservar la memoria de los allí enterrados. Sólo le pido que si esa propuesta es la que prospera, el día que se vaya a inaugurar ese monolito nos avise, porque al menos a mí me gustaría estar presente en ese homenaje, pues como le dije, muchos de mis ancestros están allí y sus nombres seguramente estarán escritos en ese monolito…”.

En algún momento de nuestra conversación comenté a Don Blas mi intención de escribir sobre la historia de mis Abuelos, sobre las cosas que ellos habían hecho durante sus vidas, también, mi iniciativa de “volcar” las experiencias y vivencias recogidas en este primer viaje por la ruta de los pueblos de los Abuelos. Don Blas comprendió inmediatamente a qué me referiría con esto de “escribir” porque él tuvo la misma iniciativa con relación de un familiar suyo. Inició su “contrapartida” en esta conversación dándome el marco de referencia de su idea, pero también se explayó en su explicación de por qué había abandonado su iniciativa hasta “otra oportunidad”. “… Mire, Eduardo, cuando empecé a escribir mis borradores traté de seguir los hechos históricos tal como ocurridos y traté de “ser riguroso” respetando describir las consecuencias que de ellos se derivaron, tal como fueron. A poco de iniciar me di cuenta que esa “rigurosidad” por más objetiva que fuera podría derivar en una situación no deseada para determinadas personas…”. Yo debo haber puesto cara de no entender hacia dónde se dirigían sus conceptos, porque inmediatamente amplió su explicación. “… Tal rigurosidad aplicada a hechos históricos ocurridos no hace mucho, esto es, medidos en la magnitud de la vida de una persona, están siempre “teñidos” por la subjetividad de quien los escribe. Cuando uno escribe sobre las buenas acciones de una persona, siempre habrá personas a las cuales esos mismos actos resultaron negativos…, … porque cuando a una persona le va bien por una determinada circunstancia, siempre habrá otra que esa misma situación le pudo haber producido un daño…”.

Inmediatamente revisé en mi memoria las historias de mi familia “descubiertas” en el curso de mis investigaciones y esta explicación me hizo “re - pensar” acerca de escribir o no algunas de las historias de la “Historia de mi Familia” descubiertas en documentos.

Nos fuimos despidiendo de Don Blas al tiempo que traspasábamos la antigua puerta de madera maciza de su despacho parroquial en Astorga. Antes de salir nos dijo a Ana María y a mí: “… Les avisaré el día que inauguremos el monolito…”. La respuesta fue inmediata: “… Don Blas, ese día estaremos aquí, si Dios quiere…”.

La lluvia de primavera de esa tarde en Astorga ya había cesado y el sol iluminaba el frente de toda la Catedral. Todavía habìa alguna gárgola de la Catedral de Santa María de Astorga que estaba “chorreando” el agua recogida en los techos. 


Portal de ingreso a la Catedral de Santa María de Astorga
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Una gárgola de la Catedral de Santa María de Astorga 
drenando las últimas gotas de la lluvia de la tarde del 26 de Mayo de 2011
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Algunos peregrinos se aproximaban a la Catedral y pasaban junto a nosotros, por frente a la sede parroquial. Otros continuaban su camino a Santiago de Compostela por la calle de la Plaza de la Catedral y luego por la Rua de la Judería (la calle Leopoldo Panero) o por la calle Portería, quizás, en busca de algún albergue de peregrinos donde descansar y pasar la noche, porque la tarde ya había avanzado.


Peregrinos en bicicleta por la calle de la Plaza de la Catedral. A la izquierda está el portal de la Casa Parroquial de Piedralba en Astorga, la Calle de la Portería y la Calle de Leopoldo Panero, caminos a la Calle de la Judería y al Camino de Santiago.
A la derecha la Catedral de Santa María y al fondo el Hospital San Juan Baustista
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Así fuimos dejamos Astorga entre filas peregrinos a pie y en bicicleta, dejando atrás nuestros recuerdos y las vivencias “vividas”.

Dejé Astorga con la satisfacción de haber encontrado mis raíces. La dejé con la idea de volver porque sentí que estaba dejando allí un “cúmulo de cosas” sin conocer, sin investigar.

Dejé Astorga pensando que el próximo viaje debía hacerlo con mi hermano Bernardo, porque estoy seguro que él disfrutará tanto ese próximo viaje como yo disfruté este primer viaje por la que he llamado “la ruta de los Abuelos”.













viernes, 5 de octubre de 2012

011 – Nuestra llegada a Piedralba, el terruño de los Martinez Martinez, en la Comarca de la Maragatería.


011 – Nuestra llegada a Piedralba, el terruño de los Martinez Martinez, en la Comarca de la Maragatería.

Como mencioné anteriormente, como Piedralba se encuentra distante a sólo 6 km de la ciudad de Astorga esa misma tarde que había llegado a Astorga decidimos visitar el pueblo natal del Abuelo Bernardo.

En cuanto salimos de las intrincadas callecitas del casco histórico de Astorga, en pocos minutos estuvimos recorriendo la Carretera de Sanabria, también la ruta LE-133, que nos llevaría a Piedralba y nuevamente a las llanuras leonesas sembradas de ondulantes trigales. Otra vez, las señales viales de este camino rural nos fueron mostrando a nuestro paso los nombres de los próximos pueblos en el trayecto, nombres y lugares que me resultaban familiares porque ya los había “visitado” virtualmente durante mis viajes por Google Earth al momento de planificar este parte del recorrido. Así iban apareciendo los nombres de pueblos de Santiagomillas, Piedralba, Oteruelo, Morales de Arcediano, Val de San Lorenzo, Curillas, entre otros, todos ellos pueblitos de la Comarca Maragata.

A poco de andar por la Carretera de Sanabria fuimos encontrando la Plaza de Toros de Astorga, la bifurcación de la carretera a Val de San Lorenzo y el puente que sobrepasa la autopista A6 Madrid – A Coruña. Pronto apareció ante nosotros el cartel que indicaba el acceso a Piedralba, y nuestro GPS nos anticipaba doblar a nuestra izquierda por la Calle Vecinal VE-193-5.


Cartel vial sobre la Ruta LE-133, la Carretera de Sanabria, indicando el acceso a Piedralba
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Poco tuvimos que andar por ese camino rural para encontrarnos con el pueblito de Piedralba. A medida que avanzábamos entre campos sembrados de trigo fue apareciendo en el horizonte ondulado, primero, la espadaña y el campanario de la Iglesia parroquial San Cristóbal de Piedralba, más tarde, no mucho más, los techos de tejas rojizas y el caserío del pueblo en torno de su iglesia. El recuerdo de las imágenes que atesoraba después de haber realizado mis “viajes virtuales”, me sugería que aquel perfil del caserío delante de nuestra vista era inconfundible, se trataba de Piedralba.


Piedralba visto desde el Camino Vecinal VE-193-5
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

A medida que fuimos avanzando por ese camino vecinal, ondulado por “copiar” sin más remedio la misma geografía del terreno, imaginé cuántas veces nuestro Abuelo Bernardo, nuestros Bisabuelos Fernando Martinez Perez y Dominga Martinez Martinez, y todos nuestros ancestros habrían recorrido estos mismos caminos hoy pavimentados, allá en el pasado, quizás, sólo estrechas y polvorientas huellas para carros y caballos. Sentí en aquel momento, una vez más, estar recorriendo los mismos caminos por donde ellos ya habían pasado.

Ya de vuelta en casa, me tomé la tarea de estudiar la información del Archivo Diocesano de Piedralba y necesariamente tuve que “bucear” entre muchos nombres, datos y fechas del pasado para comprender cómo estaba conformado nuestro árbol genealógico. Me llevó largo tiempo y dedicación armar ese “rompecabezas” debido a la repetición de nombre y de apellidos en la familia, y hasta “descubrí” la existencia de uniones matrimoniales con diversos vínculos de parentesco y grados de consanguinidad. A estas cuestiones me referiré más adelante en otra de estas “Historias de mi Familia”.

Encontré en ese “cúmulo” de información que los Abuelos del Bisabuelo Fernando Martinez Perez, por allá… … entre los años 1760 y 1780, habían nacido respectivamente en Oteruelo y en el Arrabal de San Andrés, Extramuros de la ciudad de Astorga, y que sus Bisabuelos paternos eran naturales de Piedralba.

Cuando tomé noción de esas fechas y analicé las fotos tomadas en este viaje a Piedralba comprendí que mis Bisabuelos (Don Fernando Martinez Perez y Doña Dominga Martinez Martinez), sus respectivos padres (Don Simón Martinez Martinez y Doña Gerónima Perez Andrés, y Don Bernardo Martinez Andrés y Doña Manuela Martinez Santos), y sus abuelos (Don Fernando Martinez Perez (con igual nombre y apellidos que mi Bisabuelo) y Doña Isabel Martinez Silva, Don Domingo Perez Franco y Doña Paula Andrés del Río, Don Clemente Martinez Perez y Doña Josefa Andrés del Río, y Don Domingo Martinez Andrés y Doña Dominga Santos Calvo), tuvieron que haber recorrido muchas veces en sus vidas este mismo trayecto que yo estaba haciendo entre Astorga a Piedralba.


Árbol Genealógico de ancestros de mi Abuelo Don Bernardo Martinez Martinez: sus Padres, sus Abuelos y sus Bisabuelos. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Ahora, cuando estoy escribiendo estas conclusiones y analizo la foto anterior, la actual vista de Piedralba desde el Camino Vecinal VE-193-5, pienso que los viajeros de aquella época hace casi doscientos cincuentas años, entre nuestros ancestros, han de haber tenido una vista semejante toda vez que se aproximaban a este pueblito viniendo de Astorga.

Empiezo entonces a percibir sentimientos “encontrados”.

Pienso que yo he recorrido en el año 2011 los mismos caminos que nuestros ancestros pudieron haber caminado hace más de doscientos años atrás. Me pregunto por qué no pude encontrar “algún vestigio” de nuestros familiares en Piedralba. También, algún indicio de aquellos descendientes que se quedaron allá por los años 1880 a 1890 al momento que los Bisabuelos Fernando y Dominga y el Abuelo Bernardo y sus hermanas emprendieron el viaje definitivo a la Argentina. Empiezo a entender entonces que quizás yo no alcance a encontrar las respuestas que busco a estas preguntas.

Conociendo Piedralba

Como el que conducía el auto era yo, no tuve otra opción que elegir el lugar donde estacionarlo en cuanto llegáramos a Piedralba, porque de antemano conocía las posibles respuestas que mis compañeras de viaje (mi hermana Ana María y mi señora Mónica) podrían dar si yo les preguntaba. Ya había recibido respuestas en otros lugares de España cuando pregunté “… ¿Dónde quieren que estacione?...”. Intuía de antemano que las respuestas podrían ser: Respuesta Alternativa A: “… donde quieras,…  total nosotras sabemos lo mismo que vos…”, Respuesta Alternativa B: “… vos manejás,…, vos decidís…”

Debo reconocer que no tuve que hacer ningún esfuerzo en elegir el lugar para estacionar dentro de aquel caserío chato, tampoco en ubicarlo. Elegí hacerlo frente a la Iglesia parroquial porque ése debía ser nuestro punto de inicio del recorrido por Piedralba. Me guié por la espadaña y el campanario de la iglesia para llegar a ese lugar, porque ellos emergía en todo momento por sobre los techos de tejas rojizos. Pronto estuvimos junto a la Iglesia Parroquial San Cristóbal y estacionamos frente a su espadaña y el campanario, frente al portal de la iglesia, en el atrio y en la calle, porque en Piedralba estos tres espacios funcionales ocupan el mismo lugar.


La Iglesia Parroquial San Cristóbal de Piedralba, vista desde el interior del pueblito
 (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

En cuanto me bajé del auto y puse los pies en “Piedralba” por primera vez, me embargó una sensación de satisfacción por estar pisando el terruño de nuestros ancestros. Recuerdo como si fuera ahora que agradecí al Señor, ”el que está allá arriba”, por haberme permitido llegar hasta allí, por “dejarme vivir” ese momento y por “darme la oportunidad” para conocer y recorrer ese pueblito con tanta “magia” para mí.


La Iglesia Parroquial San Cristóbal de Piedralba. Se distinguen su espadaña y el campanario con tres campanas y el portal de ingreso, sencillo, sobre su pared lateral. El atrio y la calle ocupan el mismo espacio. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Luego de mis agradecimiento, y antes de dar mis primeros pasos en esa tierra, miré a mi alrededor, y fue allí cuando tomé conciencia de la realidad que tenía ante mis ojos. Con la imaginación me trasladé 120 años, 200 ó más años atrás para tratar de visualizar cómo habría sido Piedralba en los Siglos XVIII y XIX, el pueblo que vivieron nuestros ancestros. Las imágenes que percibía me sugirieron que Piedralba ha de haber sido así, tal como yo lo estaba percibiendo hoy, pero con algunos cambios. Debe haber sido "un Piedralba" con las mismas casas maragatas de piedras mampuestas y techos de tejas y de piedras lajas, con sus calles de tierra, con personas caminando y niños jugando, con carros tirados por caballos por aquí y por allá. Imaginé algunas chimeneas, ésas que hoy estaban sin humear lucíendo sólo la piedra albina en su coronamiento, indicando que en los hogares se estarían cociendo algún guiso o alguna otra receta maragata, una de aquellas que en la casa del Abuelo Bernardo de la bodega de Chacras de Coria se solían preparar. Imaginé oir algún bullicio lejano para completar aquella escena imaginaria, porque en aquella tarde de Mayo de 2011 era todo quietud en Piedralba, ni siquiera había ruidos, tampoco personas, y menos aún, niños. Las calles de Piedralba se mostraron esa tarde desiertas. La sensación era como si “a todos sus habitantes se los hubiera tragado la tierra”.

Vivida esta primera sensación, miré detenidamente el portal de ingreso a la Iglesia parroquial y debo ser sincero, me llené de emoción al observar aquel escenario. Más aún, creo que “…se me cayeron las medias…” cuando vi esas puertas del portal gastadas por los años, esos umbrales de madera “pulidos” por el paso de la gente. Imaginé que el 04 de Marzo de1867, esto es, 144 años antes, el Abuelo Bernardo con tres días de vida entró por esas puertas para ser bautizado por el cura párroco Don Felipe Santiago García, posiblemente en brazos de su madre, la Bisabuela Dominga Martinez Martinez, acompañada en esa oportunidad por su padre, el Bisabuelo Fernando Luis Martinez Pérez, y por los testigos: Don Miguel Martinez y su esposa Doña Elena Martinez


Portal de ingreso a la Iglesia Parroquial San Cristóbal de Piedralba. Se observan las puertas “vencidas por el peso”, el umbral de madera gastado por el paso de la gente, un agujero sobre la parte inferior derecha de la puerta. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


La espadaña y el campanario con tres campanas de la Iglesia Parroquial San Cristóbal de Piedralba vistos desde el atrio y la calle. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


El Acta n° 126 del Libro Diocesano n° 2 de Bautismos y Nacimientos de la Iglesia Parroquial  San Cristóbal de Piedralba, correspondiente al Bautismo y Nacimiento del
Abuelo Bernardo Martinez Martinez, de fecha 03 de Marzo de 1867.
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Pasado ese momento, el de las primeras sensaciones, el de sus consecuentes escenarios “imaginados”, iniciamos nuestro recorrido al pueblo.

Aprovechando que estábamos en la Iglesia, subí a su espadaña y al campanario a través de su escalera de acceso externa. Desde allí, desde lo alto, por encima de los techos del caserío, pude mirar Piedralba “desde arriba”. Cuando llegué al campanario “conocí” de cerca sus campanas y las estructuras de madera que las mantiene suspendidas, vaya uno a saber desde qué época están allí manteniéndolas en el lugar. Con sorpresa, también con alguna añoranza por los ancestros no conocidos que vivieron en Piedralba, pude observar que una de las campanas tiene colocada la fecha de su fundición, el año 1861. La asociación de pensamientos fue inmediata. Esa campana ya estaba en ese lugar tañendo para llamar a los feligreses e Piedralba antes de que naciera el Abuelos Bernardo en Marzo de 1867.


Foto panorámica del pueblo de Piedralba, tomada desde el campanario de la Iglesia Parroquial de San Cristóbal. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



Una de las dos campanas principales de la Iglesia Parroquial de San Cristóbal de Piedralba
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



1861: El año de fundición y de fabricación de las campanas de la Iglesia parroquial San Cristóbal de Piedralba (Foto del archivo de Portal de Piedralba - Centro de investigación y divulgación cultural - Arte religioso de Piedralba) [1]


Recorrimos luego las calles de Piedralba a pie donde encontramos casas antiguas restauradas, y casas muy antiguas abandonadas la mayoría de ellas con las cabreadas y sus techos “vencidos por el paso de los años”. Pudimos observar casas de típica arquitectura maragata, construidas de piedras chatas mampuestas y unidas por una argamasa, con techos cubiertos de piedras lajas y también de las típicas tejas españolas. Todas las casas “mostraban” sus portones antiguos de madera, algunos “ya cansados de tanto estar allí”, otros con sus herrajes antiguos, muchos de ellos con un agujero de un tamaño y con una ubicación tales que sugieren que pudieron ser utilizados por los gatos y perros pequeños para entrar y salir de esas casas.

Muchas casas “lucen” en su parte más alta, en las cumbreras de sus techos o en las chimeneas, una piedra albina. No tengo información alguna sobre el origen y el significado de poner esa piedra albina en esas partes altas de las casas, tampoco he encontrado aún referencias del significado de la presencia y colocación de tales piedras, pero intuyo que se pudiera ser una costumbre de vieja data. Siempre trato de encontrar y a veces arriesgo una explicación a todo. En ese sentido se me ha ocurrido pensar que, como la piedra albina es de esa zona, los dueños de las casas las pudieron haber puesto para identificarse como naturales de Piedralba. Pero insisto, esta explicación mía es sólo una simple suposición.

[1] Portal de Piedralba: http://www.de-leon.com/default.asp?t=Religioso&act=6&id=2238


Una callecita de Piedralba, con casas maragatas, alguna antigua abandonada, otras restauradas y habitadas. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Otra calle de Piedralba, con casas maragatas, restauradas y habitadas.
 (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Esta ventana pertenece a una casa antigua de típica arquitectura maragata,
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Otra calle de Piedralba, con casas maragatas, restauradas y habitadas.
 (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



Otra casa antigua de típica arquitectura maragata, en la calle camino de la fuente de piedra albina, camino del otro pueblo de la Comarca Maragata: Celada
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Detalles de un viejo portón y y sus herrajes, en una antigua casa maragata abandonada.
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)





Una típica y antigua casa maragata, ubicada a no más de 50 m de la Iglesia Parroquia. La chimenea de esta casa luce una piedra albina en su parte superior
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

En nuestra recorrida por las calles de Piedralba pronto llegamos a la fuente de piedra albina, lugar al que yo quería llegar porque se encuentra en una de las márgenes del Río Turienzo, en la intersección de la Calle de Astorga, de la Calle de Puntejas y de la Calle de la Vega. La fuente de piedra albina se encuentra en una de las salidas del pueblo camino hacia Celada, distante a casi 4 kilómetros en línea recta. Me imaginé que el Abuelo Bernardo y sus padres, el Bisabuelos Fernando Luis Martinez Perez y la Bisabuela Dominga Martinez Martinez pudieron haber pasado varias veces por esta esquina, por esta fuente, ya sea camino al Río Turienzo, sea camino al pueblo de Celada.

Ya de vuelta en casa, al tiempo de analizar la información traída de Piedralba y de “volver a recorrer” aquellos lugares, comprendí que nuestros ancestros, entre ellos la Bisabuela Dominga Martinez Martinez, también sus padres Don Bernardo Martinez Andrés y Doña Manuela Martinez Santos, también sus abuelos maternos Don Domingo Martinez Andrés y Doña Dominga Santos Calvo, han de haber recorridos este camino a Celada, han de haber pasado por esta fuente de piedra albina en muchas oportunidades en sus viajes entre Piedralba y Celada, puesto que Don Domingo Martinez Andrés era natural de Celada, otro pueblito de la Comarca Maragata.


La fuente de piedra albina ubicada en la intersección de la Calle de Astorga, de la Calle de Puntejas y de la Calle de la Vega, en una de las salidas de Piedralba hacia Celada, distante a casi 4 kilómetros. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Retornamos hacia la Iglesia Parroquial por la Calle de Puntejas donde observamos viejos tapiales con sus puertas de madera que sugieren que allí existió una vieja casona a la vera del Río Turienzo. Mientras recorría esa calle de Puntejas y observaba el curso de Río Turienzo asocié tres cuestiones: el tranquilo escurrimiento del río, los trigales de los campos circundantes a Piedralba y aquellas piedras de molinos que había visto “descansando” y arrumbadas en algunas casas antiguas del pueblo. Inmediatamente asocié esos tres “datos” con aquellos otros que había “descubierto” cuando había realizado parte de mi  investigación sobre lo que el Bisabuelo Fernando Martinez Perez y el Abuelo Bernardo Martinez Martinez había hecho en Argentina. En efecto, esos tres datos se relacionaban con aquellos de la explotación industrial y comercial del molino harinero y de la “Harinería y Corralón” que el Bisabuelo y el Abuelo tuvieron por allá por el año 1896, cuando ya se encontraban radicados en la ciudad de Mendoza. Sin ninguna duda el Bisabuelo y el Abuelo cuando hicieron en Mendoza una vez radicados aquello que ellos sabían hacer en su tierra natal.


El paredón de una antigua casa sobre la Calle de Puntejas y la vera del Río Turienzo
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



Una de las puertas de la antigua casa sobre la Calle de Puntejas y la vera del Río Turienzo
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

A poco de caminar por la calle de Puntejas llegamos a las puertas del viejo cementerio parroquial, ubicado también sobre la ribera del Río Turienzo, a unos 50 metros de la Iglesia parroquial San Cristóbal. Se trata de un predio bien antiguo, de aproximadamente 20 metros por 40 metros, delimitado por una pared de mediana altura, construida con piedras mampuestas siguiendo el mismo estilo de las paredes de las casas maragatas. El cementerio tiene un portal que identifica el ingreso inequívocamente. Se trata de la única entrada que de lejos se la distingue por una viga adornada de tejas españolas que “luce” en su centro una antigua cruz. La entrada al cementerio tiene dos pequeñas puertas desvencijadas, como si ellas estuvieran “… insinuando estar cansadas de tanto vivir…”. Estas viejas puertas “… no pueden ocultar…” el paso del tiempo.  Dentro del cementerio crecen los pastos. Con dificultad se puede distinguir alguna cruz y sobre la pared del fondo una especie de atrio. 


Antiguo cementerio parroquial de Piedralba
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



Interior del antiguo cementerio parroquial de Piedralba
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Cuando estuve frente a este cementerio antiguo, frente a esas puertas desvencijadas, intuí que allí podrían estar enterrados muchos de nuestros ancestros. Ya de vuelta en casa, al tiempo de revisar la información del Archivo Diocesano de Astorga, pude confirmar lo que había intuido. En efecto, no me había equivocado en esa presunción ya que muchos ancestros de los Martinez Martinez estaban enterrados en ese pequeño y antiguo cementerio parroquial de Piedralba. Entre las personas allí sepultadas se encuentran nuestros ancestros:

-        Don Bernardo Martinez Andrés y Doña Manuela Martinez Santos, los padres de mi Bisabuela Dominga Martinez Martinez, y al menos cuatro de los hermanos de mi Bisabuela, una nena fallecida el día de su nacimiento en 1831, un varón de 3 meses de edad fallecido en 1841, Josefa Martinez Martinez de 10 años de edad fallecida en 1843, y otro varón de 4 años de edad fallecido en 1849.
-        Don Simón Martinez Martinez y Doña Jerónima Perez Andrés, los padres de mi Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez, ambos fallecidos antes del año 1895.
-        Doña Dominga Santos Calvo (viuda de Domingo Martinez Andrés), la Abuela de mi Bisabuela Dominga Martinez Martinez, fallecida en 1849.
-        Don Domingo Martinez Andrés (esposo de Doña Dominga Santos Calvo), el Abuelo de mi Bisabuela Dominga Martinez Martinez, fallecido en 1827.
-        Don Domingo Perez Franco (esposo de Doña Paula Andrés del Río), el Abuelo de mi Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez, fallecido en 1848.
-        Don Thomás Martinez Santos, hermano del padre de mi Bisabuela Dominga Martinez Martinez, fallecido en 1812 a los siete años de edad.
-        Don Andrés Martinez del Barrio, quien fue hermano de Serafina Martinez del Barrio, Tía de mi Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez, fallecido en 1833 a los 5 años de edad.
-        Doña Marcela Martinez del Barrio, quien fue hermana de Serafina Martinez del Barrio, Tía de mi Bisabuelo Fernando Luis Martinez Perez, fallecido en 1825 a los 22 meses de edad.
-        Doña Paula Silva de Martinez, la Bisabuela de mi Bisabuelo Don Fernando Luis Martinez Perez, fallecida en 1830.
-        Don Francisco Martinez, esposo de Paula Silva, el Bisabuelo de mi Bisabuelo Don Fernando Luis Martinez Perez, fallecido en 1809
-        Doña Andrea Andrés, Tía de la madre (Doña Manuela Martinez Santos) de mi Bisabuela Dominga Martinez Martinez, fallecida en 1831.
-        Doña Juliana del Río, la madre de la Bisabuela (Doña Josefa Andrés del Río) de mi Bisabuela (Doña Dominga Martinez Martinez), fallecida en 1805.
-        Don Basilio Martinez Andrés, hermano de Don Bernardo Martinez Andrés, el Tío de mi Bisabuela Dominga Martinez Martinez, fallecido en 1805 a los 12 años de edad.

Cada vez que leo este último párrafo y veo esas imágenes de ese pequeño cementerio, recuerdo las palabras que le mencioné a Don Blas Miguélez Vara, Cura Párraco de la Parroquia San Cristóbal de Piedralba: “… Don Blas, creo que en ese cementerio están enterrados muchos de mis ancestros… … Creo que en ese pedazo de tierra hay más ADN mío que en cualquier otra parte del mundo…”.