miércoles, 10 de junio de 2020

Eduardo, un primo muy lejano

Eduardo ya no está, pero sigo encontrando muchas buenas historias de su familia y creo vale la pena rescatarlas y publicarlas para ir completando, en la medida de lo posible, lo que comenzó con su blog hace algunos años. Soy Mónica y hoy publico un artículo que forma parte de un libro escrito por la familia García Prieto en España. A través de internet se habían comunicado y alegrado de encontrar parientes lejanos con historia parecidas

Esto escribe Eduardo en mayo de 2016 a su hijo Gonzalo 

"Este libro al que hace referencia es de la Família García Prieto,  en cuya segunda edición quiere incluir en dos páginas, y por ello me pregunta,  esa reseña de lo que yo le envié,  de mi información, sobre los Prieto -Calvo que son familiares en común por allá por 1720.

Oportunamente él me escribió porque había leído en mi blog sobre mi familia de Piedralba y me envió cuatro árboles genealógicos de su familia,  y en uno de ellos,  aparecían los ancestros en común de 1720.  Él tenía a los padres Prieto y Calvo y una hija,  su ancestro. Yo tenía a los padres y a las tres hijas,  una de ellas si ancestro como mencioné,  otra hija nuestro ancestro. A partir de allí me nombró "su primo lejano del otro lado de oceáno".

Fíjate que en la foto que propone,  a su familia la pone en sepia y a mí en colores."

https://familiagarciapriet.wixsite.com/familiagarciaprieto







domingo, 29 de marzo de 2020

El Abuelo Bernardo Martínez Martínez Parte IV


NUESTRA FAMILIA, NUESTROS ORÍGENES

“… Raro es el hombre que en algún momento de la vida no se interesa por sus orígenes: quiénes eran sus bisabuelos, a qué se dedicaban, de dónde eran...”.

(Don Fernando González del Campo Román, en su libro:
Apellidos y Migraciones internas en la España cristiana de la Reconquista”)

De dónde nosotros venimos…

Nuestros orígenes, tanto el de los Martinez Rosell (nuestro apellido paterno) como el de los Wurster Baun (nuestro apellido materno), se encuentran en Europa. Es allí donde hemos hallado datos de ancestros nuestros que se remontan al año 1720 y es allí donde deberemos seguir “buceando en el tiempo”, para hallar raíces aún más “viejas”.

Los ancestros de la familia Martinez Rosell los debemos buscar en dos familias muy numerosas, tal como ellas eran en los Siglos XVIII y XIX. El apellido “Martinez” deviene de la Familia Martinez Martinez, originaria del pueblito de Piedralba y de los demás pueblitos vecinos ubicados en la Comarca Maragata, en las llanuras leonesas, en la provincia de León, en España. El apellido “Rosell” llega a nosotros por la familia Rosell i Boher, originario del pueblito de Sant Salvador de Toló, en la provincia de Lérida, Cataluña, España, enclavado en los hermosos valles de los Pirineos Catalanes.

Bernardo Martinez Martinez



Nuestros orígenes en Piedralba y en los pueblos de la Comarca Maragata


El pueblito de Piedralba, en León, España, inserto en la llanura leonesa
(Foto del Archivo de Eduardo Martinez Wurster)


La Iglesia Parroquial San Cristóbal de Piedralba, en la Comarca Maragata, León, España, en el mes de Mayo de 2011. (Foto del Archivo de Eduardo Martinez Wurster)

   
 Nuestro Abuelo Bernardo Martinez Martinez, el padre de nuestro Padre Don Bernardo Daniel Martinez Rosell, era natural del pueblo de Piedralba. Allí había nacido el 01 de Marzo de 1867 y dos días después, sus padres llevándolo en brazos ingresaron por el portal de la Iglesia Parroquial de Piedralba donde fue bautizado.

Sus ancestros, también los nuestros, eran naturales de Piedralba en tanto otros, los más “viejitos”, habían nacido en los otros pueblos aledaños de la Comarca Maragata, al menos, hasta el año 1720.

Piedralba es uno de los pueblos de la Comarca Maragata esparcidos en la campiña “lionesa” en el entorno de la antigua e histórica Ciudad de Astorga, la llamada “Estorga” por los leoneses, también, la “Asturica Augusta” como la identificaron hacia fines del Siglo I aC en el Imperio Romano expandido por la Península Ibérica.

La región maragata tiene una muy “rica” historia “nutrida y forjada” durante muchos siglos por el trabajo de sus hombres dedicados a la agricultura, y por las improntas que fueron dejando, cada uno a su tiempo y a su modo, los peregrinos del Camino de Santiago de Compostela, los malvivientes, arrieros y comerciantes que recorrieron ese Camino y la Vía de la Plata, y también, los ejércitos invasores y sus consecuentes ocupaciones en la Comarca Maragata.

Hubo quienes, deambulando por el Camino de Santiago y por Vía de la Plata, fueron dejando en estas tierras sus costumbres, su arte y también su gastronomía. Con el correr de los siglos este legado proveniente de diversas vertientes culturales y costumbristas de toda Europa fueron quedando a lo largo del camino, sea por el peregrinaje hacia Santiago de Compostela, sea por el comercio entre la costa gallega y Sevilla y su salida hacia el Mediterráneo. Sin lugar a dudas, las costumbres maragatas, su gastronomía y su modo de vivir fueron el resultado de toda esa influencia recibida durante siglos.

El paso de ejércitos invasores y las consecuentes ocupaciones que éstos hicieron en la Comarca Maragata, desde la llegada de los romanos en el Siglo I aC hasta el sitio por los ejércitos napoleónicos a principios del Siglo XIX, forjaron y pusieron a prueba el temple de los caracteres de hombres y mujeres de esta región. Las continuas guerras sucedidas en Europa y en otras partes del mundo, en las cuales España aportó sus hijos para batallas “propias y ajenas”, hijos que nunca regresaron, dieron mayor templaza y resignación a aquellos hombres y mujeres.

¿Por qué migraron los Bisabuelos y el Abuelo?

A las consecuencias de todas esas guerras y ocupaciones de ejércitos invasores se sumaron en repetidas oportunidades de la historia las sequías y las pestes en cultivos, como la plaga de filoxera en gran parte de España de mediados del Siglo XIX, que dejaron cosechas pobres que favorecieron el advenimiento de hambrunas y enfermedades que diezmaron familias en pocas semanas.

Infiero que todos estos hechos adversos en la vida de esos hombres fueron el incentivo para pensar en la búsqueda de nuevas oportunidades y para impulsar la migración hacia otros países. 

Estoy convencido, y quizás es ésta mi conclusión respecto de este tema, que todas aquellas cuestiones políticas, sociales y económicas ocurridas durante los Siglos XVIII y XIX, impactaron y afectaron de sobremanera el quehacer diario de las familias. Esas experiencias de vidas de nuestros ancestros fueron transmitidas de boca en boca, de padres a hijos en el seno de nuestra familia, como si se tratara de ADN. Así fue cómo se fueron “forjando” sus caracteres y “marcando” las costumbres ancestrales a punto tal que, creo, incentivaron sin otra opción las decisiones que estos hombres y sus hijos tomarían en el futuro, entre ellas, aquella decisión de emigrar de su tierra natal tras la búsqueda de nuevas oportunidades. 

No alcanzo a imaginar, por cierto tampoco a “sentir”, cuál pudo haber sido aquel pensamiento, y después, cuáles pudieron haber sido aquellas palabras  que nuestros Bisabuelos expresaron y cuáles razones esgrimieron a sus padres al momento de decidir emigrar. Tampoco alcanzo a imaginar qué pensamientos y cuáles sensaciones pudieron haber “sobrevenido” en nuestros Tatarabuelos al recibir semejantes noticias. Creo sí, que ambos sabían que posiblemente no se volverían a ver en la vida, tal como sucedió.

Nuestros Bisabuelos y el Abuelo vinieron a Argentina y nunca volvieron a España.  En Mendoza, Argentina, hicieron su patrimonio, formaron sus respectivas familias, criaron a sus hijos y nos dejaron su legado. Ellos aquí murieron y fueron sepultados en el Cementerio de la Capital de Mendoza. Los Tatarabuelos y parte de las familias de descendientes se quedaron en España, allá en Piedralba y los otros pueblitos de la Maragatería, murieron en España y muchos de ellos fueron sepultados en el Cementerio Parroquial de Piedralba.

La llegada del Abuelo Bernardo Martinez Martinez a la Argentina

Nuestros Bisabuelos Don Fernando Luis Martinez Perez y Doña Dominga Martinez Martinez, acompañados de sus tres hijos, entre ellos, nuestro Abuelo Bernardo Martinez Martinez, dejaron su Piedralba natal, en la provincia de León en España, entre los años 1885 y 1890. La Familia Martinez Martinez y con sus tres hijos españoles se embarcaron en el Puerto de Vigo, en Galicia, España y cruzaron el Océano Atlántico hasta llegar al puerto de Montevideo, en Uruguay. Luego ingresaron por vía fluvial a la Argentina por el puerto de Rosario de Santa Fe. Como muchos otros inmigrantes, nuestros Bisabuelos y su familia se radicaron en el interior de Argentina y ellos eligieron, no sé si por su propia decisión o por casualidad, radicarse en Mendoza hacia el año 1885 a 1890.

A juzgar por la época, el recorrido entre Rosario y Mendoza lo deben haber posiblemente hecho en tren en algún tramo inicial construido, puesto que el ferrocarril llegó finalmente a Mendoza en el año 1885 procedente de Buenos Aires.

La calle San Nicolás (hoy la Avenida San Martín – La Alameda) de la ciudad de Mendoza, entre 1880 y 1890. Con esta fisonomía los Bisabuelos y el Abuelo Bernardo la deben haber conocido. (Foto del Archivo de Eduardo Martinez Wurster)


 Esta calle San Nicolás ya vislumbraba convertirse hacia fines del Siglo XIX en la “columna vertebral” Norte Sur de la nueva ciudad, reconstruida después del terremoto de 1861, vinculándola con la provincia de San Juan hacia el Norte y con los Departamentos Belgrano (hoy Godoy Cruz), Luján de Cuyo, Maipú, San Rafael y General Alvear en el  Sur de la provincia de Mendoza.

En esos años de fines del Siglo XIX, la economía de Mendoza se basaba en la producción de trigo y harinas, de frutas secas y conservadas, de vino, y la crianza de ganado vacuno para la exportación de carne seca y cueros. Estos productos eran mayoritariamente exportados hacia Chile y muy poco a Buenos Aires, puesto que las rutas por las pampas argentinas estaban “plagadas” de delincuentes y ladrones que asaltaban las caravanas de carros y carretas cargadas de productos de Mendoza. Con la llegada del ferrocarril en 1895 se abrió el mercado de los productos de Mendoza hacia Buenos Aires y “el Litoral”, como ellos llamaban a la zona de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. Al mismo tiempo el ferrocarril permitió el ingreso de trigo de la pampa húmeda, cuestión que compitió por precios desfavorablemente para el trigo de Mendoza, a pesar de que éste último era de mejor calidad que el producido en Buenos Aires y Santa Fe.

En cuanto llegaron a Mendoza, el Bisabuelo y el Abuelo comenzaron a trabajar en todo aquello que ellos habían aprendido a hacer mientras vivían en Piedralba. Así fue que adquirieron fincas en los departamentos en San Martín y en Junín, en aquella época áreas marginales, donde cultivaron el trigo y alfalfa.  Con aquel trigo produjeron harinas en su propio molinero harinero situado en La Carrodilla, Luján de Cuyo, ubicado sobre la margen derecha del actual  Canal San Martín. Luego los productos obtenidos de sus fincas, las harinas y los pastos para forraje, fueron comercializados antes del año 1890 en sus propios establecimientos ubicados, uno en la esquina de las calles Cuyo (hoy Garibaldi) y Montecaseros (hoy La Rioja), y el otro, en la intersección de las calles Ayacucho y Montecaseros (hoy La Rioja), ambos de la ciudad de Mendoza.

Artículo del Diario Los Andes del 09 de Enero de 1896 (Gentileza del Diario Los Andes de Mendoza, Argentina) (Foto del Archivo de Eduardo Martinez Wurster)
                               
La Familia se afincó en una casa que compraron ubicada en la Avenida San Martín 2189 de la ciudad de Mendoza, que en esa época, también llamada Calle de San Nicolás, era la antigua ruta a la provincia de San Juan. En esta casa vivieron el Bisabuelo y la Bisalbuela con sus tres hijos desde antes de 1895. En el año 1905 el Abuelo Bernardo se casó con la Abuela Encarnación Rosell Boher y se instalaron en la casa de la bodega de Chacras de Coria que habían adquirido en 1898. El Bisabuelo, la Bisalbuela y una de las hijas, María Martinez Martinez, vivieron en esa casa de San Martín 2189 de la ciudad, hasta la muerte del Bisabuelo ocurrida el 15 de Mayo de 1907, y la de la Bisabuela sucedida el 21 de Enero de 1912.


Típica casa de fines del Siglo XIX situada en la Avenida San Martín al 2300 de la ciudad de Mendoza. En una casa de arquitectura similar, ubicada en San Martín 2189, vivieron los Bisabuelos y el Abuelo Bernardo a su llegada antes de 1890
(Foto del Archivo de Eduardo Martinez Wurster)


A partir de 1890 Mendoza inició un plan de reconversión de su economía para adaptarse a los nuevos desafíos que representaba la llegada del ferrocarril, cuestión que ocurrió en 1885. El ferrocarril representaba la amenaza de la llegada masiva de productos a menor precio, y la vez, era la oportunidad de incrementar la venta de los productos de Mendoza en los nuevos mercados de Buenos Aires y el “Litoral”, y también los de ultramar a partir del embarque por los puertos de Buenos Aires y Rosario, debido a la facilidad y rapidez del transporte.

Pero esta oportunidad que se presentaba para los productores de Mendoza traería otros desafíos desconocidos que obligaron a los hombres de aquella época a agudizar su ingenio y a crear muchas de las instituciones públicas y privadas que hoy en día forman parte del quehacer económico de la provincia de Mendoza y de la Argentina.

Al igual que muchos otros empresarios prominentes inmigrantes y nativos de Mendoza, de fines del Siglo XIX, el Bisabuelo y al Abuelo adhirieron a aquellas facilidades impositivas y financieras que dispuso el Gobierno de Mendoza para enfrentar el plan de reconversión agrícola, y comenzaron a formar y a “forjar” un patrimonio que, estoy seguro, nunca imaginaron que podrían llegar a reunir, ni siquiera, en las largas noches de desvelo en Piedralba en las cuales planificaban su partida hacia “La América”.

Cuando llegó el año 1898, el Bisabuelo y el Abuelo pudieron adquirir una vieja bodega de adobes con una parcela de tierra de 17 hectáreas sobre la calle Pueyrredón 1210 de Chacras de Coria, Luján de Cuyo, en Mendoza. Los anteriores propietarios de esta vieja bodega y finca fue la Familia Sosa, quienes la tuvieron durante muchos años.

 Sobre el predio de la vieja bodega de una hectárea de superficie, el Bisabuelo y el Abuelo construyeron durante los siguientes años entre 1899 y 1910 nuevas instalaciones para el procesamiento de uvas y la elaboración de vinos acordes con las nuevas tecnologías de la época, incrementando la capacidad de elaboración y estacionamiento de vinos de la nueva bodega a 750.000 litros por año, gracias a la instalación de cubas de 7.000 litros y toneles 20.000 litros de roble de Nancy, Francia, fabricados por la firma Mestre Guerre y Cia de Francia.

El incremento de la capacidad de elaboración de vinos de la nueva bodega, obligó al Abuelo Bernardo a adquirir nuevas fincas de viñas para asegurar la cantidad y la calidad de las uvas para vinificar anualmente. El predio de las 17 hectáreas iniciales junto a la bodega fue incrementado a 34 hectáreas mediante la compra de otras propiedades vecinas. En las primeras 17 hectáreas y luego en su ampliación a 34 hectáreas, se implantaron a partir de 1898 barbechos de la variedad malbeck obtenidos de plantas cultivadas en Mendoza y que habían sido traídas de Francia hacia 1860. También el Abuelo adquirió en los siguientes años fincas con uvas malbeck que se ubicaban en otras zonas distantes de la bodega para evitar así la concentración de viñas en una misma área productiva y con ello los riesgos de pérdida de cosecha por efectos del granizo. De este modo, adquirió fincas implantadas con uvas malbeck en La Carrodilla y Perdriel en Luján de Cuyo, y en Coquimbito en Maipú, propiedades que se sumaron a las fincas que ya disponía en San Martín y de Junín.


Vista aérea del establecimiento vitivinícola “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía”, sobre la calle Pueyrredón 1210 de Chacras de Coria Luján de Cuyo, Mendoza, en el año 1950
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)





Vista interna del establecimiento “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía”, en el año 1930
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)





El Abuelo Bernardo Martinez Martinez, su hija Rita Martinez Rosell (a la izquierda) y entre ellos, una amiga, en la finca de Chacras de Coria en plena temporada de cosecha en el año 1920.
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


El establecimiento vitivinícola del Abuelo Bernardo, que pasó a llamarse “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía” después del fallecimiento del Bisabuelo en 1907, participó en muchas exposiciones de vinos donde obtuvo premios y medallas de oro por la calidad de sus vinos. En la Exposición Industrial del Centenario realizada en el predio de la Sociedad Rural de Palermo, en Buenos Aires en el año 1910, el Abuelo Bernardo expuso sus vinos que habían sido premiados en la Exposición de San Francisco, California, Estados Unidos, en el año 1905. En esa oportunidad, obtuvo dos Medallas de Oro. Posteriormente llevó sus vinos a la Exposición de Roma del año 1912 (Italia) donde obtuvo una Medalla de Oro, a la Exposición de San Francisco del año 1915 (California, Estados Unidos) donde fue premiado con otra Medalla de Oro de, y finalmente en la Exposición Industrial del año 1924 (Argentina) obtuvo una nueva Medalla de Oro.


Una vieja etiqueta de botella de vino marca “Cabernet”, de la “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía”, premiado con Medalla de Oro en la Exposición Industrial del Centenario de Buenos Aires en 1910, y Exposición de San Francisco, California, EEUU, de 1905
    

En esta etiqueta puede verse sobre el extremo izquierdo el logotipo de la bodega, marca que luego se vendió en los años 1960. El Banco de Mendoza compró esa marca, modificando el logotipo, eliminando la letra “C” y adoptando sólo las letras “BM”


Presentación institucional de la “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía”, y de sus vinos “La Platense”, “Elefante” y “Tandil” y Medalla de Oro en la Exposición Industrial del Centenario de Buenos Aires en 1910, y Exposición de San Francisco, California, EEUU, de 1915
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)
    



Medallas de Oro con las que se premiaron los vinos de la  “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía”, en los años 1910 a 1924
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)
  
Entre los años 1925 y 1930 el Abuelo emprendió la diversificación su actividad empresaria, incursionando en la producción e industrialización de la remolacha azucarera para la producción de azúcar, proyecto que fuera impulsado por el Gobierno de la vecina provincia de San Juan, con el fin de diversificar la economía sanjuanina. Así fue como el Gobernador de San Juan interesó a un grupo de empresarios para que instalaran una fábrica de azúcar de remolacha en la provincia que posteriormente se llamó La Azucarera de Cuyo.

A juzgar por la historia que sobrevino, el Abuelo Bernardo fue uno de los empresarios mendocinos que se sumaron a esta iniciativa innovadora que proponía la diversificación de los cultivos del sur sanjuanino y de algunos departamentos cercanos de la provincia de Mendoza que hasta ese momento se dedicaban al cultivo de la vid y a las bodegas, y al cultivo de trigo y la industrialización en molinos harineros. Para este proyecto el Abuelo alquiló una finca en Jocolí, en el departamento de Lavalle en Mendoza, en la zona más próxima al ingenio La Azucarera de Cuyo el cual se había construido en la localidad de Media Agua en la provincia de San Juan.

Técnicamente el plan para el desarrollo de esta industria azucarera a partir de la remolacha era correcto, pero no tardaron en aparecer las presiones políticas ejercidas por el monopolio de azúcar de caña desde el norte del país. Se inició entonces a nivel nacional una nefasta campaña que sistemáticamente actuaba en favor de la caña de azúcar en Tucumán, y en contra de estos incipientes cultivos de la remolacha azucarera y su industrialización. Durante la gran crisis mundial de los años 1930, los efectos de esa campaña se hicieron sentir aún más y estuvieron acompañados y a la vez “ayudados” por malas decisiones que tomó el directorio de la empresa, también, por presiones de los accionistas y acreedores y por bajos rendimientos de las últimas zafras. Todas estas cuestiones juntas determinaron que el ingenio La Azucarera de Cuyo cerrara definitivamente y quebrara financieramente en 1934. Al año siguiente el establecimiento fue desmantelado vendiéndose el equipamiento a los ingenios de Tucumán y el norte del país, y el edificio fue definitivamente dinamitado.

Ante esta situación, el emprendimiento de la remolacha azucarera del Abuelo Bernardo corrió la misma suerte del ingenio La Azucarera de Cuyo.

Las presiones políticas contra la remolacha azucarera y la campaña en contra del ingenio La Azucarera del Norte fue una más de las vicisitudes que debieron enfrentar los empresarios de la vitivinicultura de Mendoza y de San Juan frente a las presiones políticas de la Nación y a intereses sectoriales. La adulteración y falsificación de vinos efectuada por los fraccionadores de vinos de las grandes ciudades, los “antojadizos” precios de uva y vinos impuestos por los grandes bodegueros a todos los productores, la ausencia de leyes que regularan la industria vitivinícola, la falta de créditos para el financiamiento de cosechas y de la elaboración del vino, la discrecionalidad con que se manejaban las compañías de seguros con sede en Buenos Aires frente a los siniestros sufridos por productores en el interior del país, entre otros factores de la vida económica, hicieron que los empresarios de Mendoza primero, y luego los productores de San Juan, conformaran asociaciones sectoriales para la defensa de los intereses propios.

De este modo, la vida empresaria del Abuelo Bernardo, como así también de otros empresarios contemporáneos, fue vio complementada casi en forma obligada por otras actividades de carácter institucional.

Así el Abuelo Bernardo formó parte del Directorio del Banco Nación de la República Argentina, sucursal Mendoza y conformó la Asociación Vitivinícola de Mendoza, entidad que tuvo como primeros objetivos, evitar la falsificación de vinos y la adulteración de los mismos. Con el correr de los años y debido a la importancia que esta institución adquirió, debido a los aspectos económicos que interesaba como también por los efectos políticos de sus decisiones, pronto se transformó en la Asociación Vitivinícola Argentina, luego en la Junta Nacional Reguladora del Vino. A mediados del Siglo XX, esta institución se transformó en el actual Instituto Nacional de Vitivinicultura.

Las compañías de seguros de Buenos Aires cubrían los seguros por accidentes de trabajo y por daños a la propiedad de los empresarios y sus dependientes de Mendoza. Parece que estas compañías eran bastante reticentes a la hora de cubrir un siniestro o de compensar económicamente a los damnificados. Lo concreto era que ante la comprobación de un daño, los resarcimientos no llegaban a Mendoza, ni en tiempo ni en forma, y los empresarios debían hacerse cargo de los efectos del citado daño. Me imagino también que los costos de tales pólizas de seguros de las compañías de seguros de Buenos Aires debían ser elevados. Así fue como un grupo de empresarios, entre los que se encontraba el Abuelo Bernardo, decidieron fundar y administrar a partir del año 1923 la primera compañía de seguros de Mendoza, a la que denominaron “La Mercantil Andina”. Actualmente, después de casi 90 años de su fundación, esta compañía continúa prestando los mismos servicios.

Aviso del Diario Los Andes de Mendoza del Jueves 06 de Setiembre de 1923

Este aviso del Diario Los Andes del Jueves 06 de Setiembre de 1923 señala algunos aspectos interesantes de resaltar por sus connotaciones históricas.

La primera, que el Directorio estaba integrado por:

Presidente: Don Octavio Gabrielli, de “Bodega y Viñedos Gabrielli y Baldini”.
Vicepresidente: Don Bernardo Martinez, de “Bodega y Viñedos Bernardo Martinez y Cía”.
Secretario: Don Francisco Reina, de “A. Reina e Hijos”.
Tesorero: Pablo Cantón.
Vocales:
Daniel Bustelo.
Osvaldo Copello, de “Copello, Siboldi y Cía”, de San Juan.
Miguel Escorihuela Julián, de “Escorihuela y Cía”, de Mendoza
Roberto Furlotti, de “Establecimientos Vitivinícola Furlotti”, de Mendoza.
Juan Graffigna,  de “Santiago Grafigna Ltda.”, de San Juan.
Pascual Herraiz.
Salvador López Peláez, de San Juan.
La Mercantil Rosarina, Sociedad Anónima.
Vocales Suplentes:
Ing. Juan Carlos Alurralde.
Luis Cremaschi, de “Cremaschi Hnos y Cía”, de Mendoza.
Juan Minetto, de “Minetto Hno”.
Síndico:
Dr. Francisco A. Calise.
Síndico Suplente:
Pablo Pagés Suñol, de “Pagés, Aimerich y Cía”.
Gerente:
Eduardo Arancet

La segunda, que la Compañía de Seguros La Mercantil Andina fue “… constituida el 29 de Agosto de 1923…”, es decir, una semana antes de que se publicara el aviso. A juzgar por las fechas, se podría inferir que dicha publicación sería la primera, y a la vez, la presentación de la compañía en el ámbito comercial.

La tercera, que la Mercantil Andina comenzó a operar en el domicilio de la Avenida San Martín 1503 y según indica el artículo, se trató de “… la primera Compañía de Seguros con sede en Mendoza…” y, como dato relevante de “marketing”, se señalaba que “… Acepta Seguros Antiincendio”.

El hecho de que fuera la primera compañía de seguros de Mendoza no es un dato histórico menor.

El hecho que La Mercantil Andina aceptara “… Seguros Antiincendios…” tampoco es otro datos menor, puesto que los incendios, junto con los accidentes laborales del personal de bodegas y fincas, eran los riesgos más frecuentes y de mayor impacto económico y social que debían enfrentar los damnificados, los empleados y los empleadores.

El aviso señala que la Compañía de Seguros La Mercantil Andina “… Acepta Seguros Antiincendio…”.

A pesar de que algunas instituciones se habían sido creadas para proteger los intereses de los empresarios de Mendoza, y para que los créditos y demás servicios llegaran a los productores al menor costo posible, con el correr de los años el objetivo de esas instituciones fue dejando de satisfacer los intereses locales. Así fue como los empresarios de Mendoza debieron formar nuevas asociaciones similares a aquellas ya creadas pero esta vez con objetivos y efectos locales más efectivos y directo para los productores, o bien, instituciones que los representaran conforme había evolucionado la economía de Mendoza.

Así el Abuelo Bernardo fundó y formó parte, junto con otros empresarios de la época, del grupo de primeros accionistas de la Bolsa de Comercio de Mendoza, del Banco de Mendoza, del Centro de Bodegueros de Mendoza y de la Unión de Industria, Comercio y Producción de Mendoza, que luego se llamaría la Unión Industrial y Comercial de Mendoza.

En estas instituciones el Abuelo Bernardo Martinez Martinez compartió lo que yo llamo “las mieles y las hieles”, es decir, los mismos incentivos y satisfacciones, similares desvelos y disgustos con otros hombres del quehacer vitivinícola mendocino, entre ellos, Octavio Gabrielli de “Bodegas Gabrielli y Baldini”, José Toso de “Bodegas Pascual Toso”, Balbino, Leoncio y Sotero Arizu de “Sociedad Anónima Bodegas Arizu”, Domingo Tomba de “Bodegas Domingo Tomba”, Humberto y Luis Cremaschi de “Bodegas Luis Cremaschi, Pedro Olive de “Establecimiento Vitivinícola Escorihuela”, Bautista Gargantini (hijo) de “Bodegas y Viñedos Gargantini”.

Sin lugar a dudas Don Bernardo Martinez Martinez fue un empresario innovador para la época en la que le tocó vivir, también fue un pionero y un incansable emprendedor como muchos otros hombres de Mendoza.

El legado de Don Bernardo Martinez Martinez

El Abuelo Bernardo nos ha dejado una herencia que merece imitar, desde su tezón para emprender grandes desafíos hasta el temple para soportar adversidades. Nos dejó, a través del carácter transmitido a sus hijos, nuestros padres, la educación, la bonhomía y el respeto por el prójimo. Junto a todas estas virtudes, la Fe practicada por nuestra Abuela Encarnación ha llegado a nosotros en forma intacta.

El Abuelo Bernardo no se conformó con aquel molinero harinero y sus “harinerías” y corralones para venta del pasto, ni con aquella bodega y finca de 17 hectáreas que había comprado con su padre en 1898. Con el correr de los años hasta su muerte, el Abuelo incrementó incansablemente el patrimonio de su empresa, logró darle una dimensión tal que difícilmente hoy podría hacerse y mantenerse, y sus resultados fueron premiados en nuestro país y en el exterior.

Cierto es que las circunstancias y la época en que le tocó vivir, esto es, el marco de referencia histórico de principios del Siglo XX no es el mismo que el actual. Pero el Abuelo junto con otros hombres no desaprovecharon la oportunidad que la vida les “puso adelante”, y  fue así que ellos debieron fundar y administrar las instituciones que necesitaron formar para que sus iniciativas y sus empresas pudieran prosperar, instituciones que hoy en día aún siguen funcionando y cumpliendo los roles para las cuales aquellos hombres las concibieron, instituciones que nosotros estamos empleado para los mismos fines y muchas veces pocas gente se pregunta cómo se fundaron.

Don Bernardo Martinez Martinez formó su familia con Doña Encarnación Rosell i Boher en el año 1905 y tuvieron cinco hijos, tres varones y dos mujeres, quienes a su tiempo, también se casaron y les dieron a los Abuelos 14 nietos. La Abuela Encarnación no tuvo oportunidad de conocer nietos, en tanto el Abuelo Bernardo  sólo conoció a muy pocos. Los Abuelos “partieron” muy temprano, antes de que naciéramos los demás nietos.

El Abuelo Bernardo Martinez Martinez junto a sus cinco hijos en la casa de la bodega de Chacras de Coria. Parados de izquierda a derecha: Luis, Bernardo Daniel y Fernando Martinez Rosell. Sentados, de izquierda a derecha, Dominga Emilia Martinez Rosell , el Abuelo Bernardo y Rita Martinez Rosell. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


Los hijos de Don Bernardo cursaron estudios secundarios completos. Luis estudió enología, Bernardo Daniel hizo su carrera de medicina en la Universidad Nacional de Buenos Aires donde se graduó de médico, y Fernando trabajó con el Abuelo en la parte administrativa y financiera de la Bodega y Viñedos.

Como en los años 1885 a 1890 lo hicieron Don Bernardo Martinez Martinez y de Doña Encarnación Rosell i Boher, algunos de sus nietos también decidieron migrar de su país natal y eligieron radicarse en otros países distintos a la Argentina tras la búsqueda de nuevas oportunidades de vida. Otros nietos migraron dentro de la misma Argentina por idénticas razones. Los menos se quedaron en el terruño natal, en Mendoza, porque allí encontraron como los Abuelos, el lugar donde vivir. Creo que todos los descendientes de los Abuelos hemos heredado ese espíritu motivador que nos ha impulsado a “buscar y encontrar” nuestro “lugar en el mundo”, sea donde éste se encuentre.

Creo, también, que el Abuelo Bernardo nos heredó aquel carácter innovador que lo motivó para encarar todos sus proyectos de vida.

Por último, estoy convencido que el Abuelo y los demás hombres contemporáneos que lo acompañaron, dejaron para las generaciones posteriores instituciones rectoras que hoy conforman el quehacer de la vida económica e institucional de Mendoza.

El Abuelo Bernardo Martinez Martinez murió súbitamente de un ataque cardíaco el 24 de Agosto de 1942, a los 75 años de edad, mientras controlaba los trabajos de poda y limpieza que se estaban haciendo en los viñedos de su finca de Agrelo, en Luján de Cuyo. Esa mañana el Abuelo había concurrido al Banco de Mendoza para efectuar transacciones, pero nunca se supo qué movimiento de dinero efectuó ni tampoco cual fue el destino del mismo. El Abuelo Bernardo murió haciendo lo que a él le gustaba hacer y por lo que luchó durante toda su vida.

Como mencioné al inicio de este relato, Don Bernardo Martinez Martinez nunca volvió a su Piedralba natal, como así tampoco su padre y su madre, Don Fernando Luis Martinez y su Doña Dominga Martinez Martinez.

El Abuelo fue sepultado en el Cementerio de la Capital de Mendoza en el área que, hacia fines del Siglo XX, fue declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia de Mendoza.

martes, 28 de noviembre de 2017

031 - Esquina de calles Viamonte y Pueyrredón, Chacras de Coria, Mendoza

Esquina de calles Viamonte y Pueyrredón, distrito de Chacras de Coria, departamento de Lujan de Cuyo. (Año 1977) Mendoza


Mis recuerdos "afloraron" a partir de esta foto.
El antiguo bar de la Esquina de la Virgen. Era toda una institución junto con el del Turco Mema que estaba ubicado en Pueyrredon y Alzaga. Ambos tenian en el interior toda la fisionomía y los detalles de los bares de principios de los 1900. En el interior estaba el sector del bar propiamente dicho, siempre con algún parroquiano apoyado en el mostrador, como cuidando vaya uno a saber qué, con la mirada perdida vaya a saber uno hacia dónde, y con los ojos "vidriosos", seguramente, por haber disfrutado de los vinos de antaños cuyas uvas hoy dan fama al Malbeck de Luján de Cuyo, como denominación de origen. Por otro lado en el mismo bar estaba el sector del almacén de ramos generales, donde podías comprar de todo. Casi, casi, como un supermercado de hoy, pero con producto de "neto sabor telúrico". Desde alpargatas Rueda y Luna... hasta el maíz o el azucar, por decir algún producto, vendidos y despachados envueltos en papel de estrasa con los típicos cerramientos hecho a manos, como "rulitos" del repulgue de empanadas. La balanza para pesar el menudeo, la báscula para pesar los granos que se despachaban y la cortadora de fiambre a manija de color rojo, tipo marca Bianchetti, formaban parte del "mediambiente" comercial
Esta foto muestra que esta esquina esta construida en altura, con altos cordones, para guarecerse de las creciente proveniente del pedemonte que se desbordaban del arroyo seco en la esquina de Pueyrredon y Benito de San Martin (hoy) (para nosotros)... era la calle del herrero que llegaba hasta la estacion de ffcc y puesto de Don Leiva. La cancha del club Chacras de Coria estaba (donde) hoy está, pero la ruta no se había construido. Eso vino mucho años después. Todo eso era pedemonte pedregoso, árido, pleno de jarillales, cactus y pimientos.
Esas crecientes, que bajaban por Pueyrredon hasta Alzaga con si fuera un verdadero rio. Era todo un atractivo novedoso para nosotros quienes observábamos el cambiante escenario en las "riberas" de la calle Pueyrredon convertida en un cauce, porque el torrente arrasaba con todo tipo de objetos, planta y animales. El interés de nosotros los menores era adivinar de antemano qué es lo que se acercaba a cada momento.
El torrente por calle Pueyrredon llegaba hasta el bar del Turco Mema, porque alli se derivaba hacia el norte. En ese esquina, la de Pueyrredon y Alzaga en direccion al Carril a Lujan habia una curva vertical pronunciada que evitaba que pasara el agua (hoy esa curva vertical ha sido horitontalizada pero los costado de la calle y la altura de los terrenos sobreelevado respecto de la calle dan cuenta que allí existió ese promontorio sobre la calle)
Una de esas inundaciones, cuando por solucionar las creciente por Puerredon llevaron a implementar una solución ingenieril (que luego se completó con la actual traza del canal).Asi fue que abrieron el canal proveniente del pedemonte por la traza actual hasta calle Viamonte, y desde alli al norte hasta la vieja estacion de servicio YPF,. En esa oportunidad, la creciente desbordó en la curva de Viamonre al norte e inundó con barro y canto rodado la finca, bodega y casa familiar de la Familia Diez, una de los dueños de la tienda El Guipur ubicada en Gutierrez y San Martin, en la esquina Sud Oeste. Recuerdo que por años la finca "mostró" los signos de ese desborde e inundación.
Recuerdos en mi memoria.

viernes, 27 de junio de 2014

030 - La Abuela Encarnación Rosell Boher de Martinez

030 - La Abuela Encarnación Rosell Boher de Martinez

Con esta pequeña historia quiero recordar a mi Abuela Paterna, Doña Encarnación Rosell i Boher, en el 83° aniversario de su fallecimiento.




La Abuela Encarnación Rosell i Boher cuando tendría 20 años aproximadamente, en 1905
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



La Abuela Encarnación Rosell i Boher de Martinez cuando tendría 42 años aproximadamente, en 1927
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Ello ocurrió cuando la Abuela tenía 46 años de edad, el 25 de Junio de 1931, en la casa familiar de la Bodega ubicada en la calle Pueyrredón 1210 de Chacras de Coria, Mendoza, Argentina, en el mismo predio centenario donde hoy se encuentra esa misma casa contigua al mismo establecimiento vinícola que construyera mi Abuelo Bernardo a partir del año 1899, donde hoy opera con las mejoras tecnológicas actuales, la firma “Cavas Rosell Boher”.

La Abuela Encarnación fue sepultada en el Cementerio de la Capital de Mendoza.

Lo que yo sé sobre la Abuela Encarnación

Yo no conocí a mi Abuela Encarnación en persona, pero las noticias que de ella tengo devienen de mi curiosidad por saber cómo era su personalidad, cómo fue su vida, quiénes fueron sus ancestros y de dónde vinieron.

Esas noticias, pocas, las encontré en algunos documentos que he podido reunir y otras las obtuve de los testimonios que mi Madre Mausy y mi Tía Ñata me pudieron transmitir.

Con poca información he podido saber sobre su personalidad y sobre las acciones que ella emprendió a lo largo de su vida. En ellas identifico el legado que nos dejó, el cual ha llegado a nosotros, sus nietos, a través del “ambiente de hogar” que mis Padres Mausy y Bernardo supieron formar e inculcarnos.

Mucho imaginé cómo pudo haber sido la niñez de la Abuela en su pueblo natal en España. Ese conjunto de imágenes imaginadas tomaron forma cuando tuve la oportunidad de conocer Sant Salvador de Toló, y sobretodo, cuando recorrí sus callecitas casi milenarias. Allí pude percibir que esas imágenes que iba atesorando en mi memoria eran aquellas mismas que la Abuela también pudo haber guardado entre sus más caros recuerdos de su infancia.

Sentí que estaba recorriendo los lugares que para la Abuela y sus padres habían sido cotidianos y “familiares” en algún momento de sus vidas.

Luego me imaginé cómo pudo haber sido su vida en la Argentina, en particular, los años que sobrevinieron a la temprana muerte de su Madre.

Mi Abuela había nacido en Sant Salvador de Toló, Lérida, España

Como he comentado en otras de estas “Historias de mi Familia”, mi Abuela Encarnación Rosell i Boher había nacido el 02 de Febrero de 1885 en Sant Salvador de Toló, un pequeño pueblo del Siglo XI que aún conserva rasgos medievales, ubicado en uno de los valles del Pallars Jussá, en Lérida, Cataluña, España.



Vista de Sant Salvador de Toló. Se distinguen en el perfil de edificios, sobre la izquierda, la Iglesia Parroquial Sant Salvador, de estilo románico, como la mayoría de las iglesias de los Pirineos Catalanes y Aragoneses. (Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)




La Iglesia Parroquial Sant Salvador de estilo románico del Siglo XI, el Atrio y la Plaza Mayor del pueblo. A la derecha de la iglesia se encuentra el viejo cementerio parroquial.
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

La Abuela fue hija de Don Pedro Rosell i Mir y de Doña Rita Boher i de Carabassa, ambos españoles, también naturales de Sant Salvador de Toló, y nacidos en los años 1853 y 1862, respectivamente.

Encarnación fue la hermana mayor de cuatro hermanos, de María y Lorenza nacidas en Sant Salvador de Toló en los años 1887 y 1889 respectivamente, y de Pedro y Luis nacidos en Rosario, Santa Fe, Argentina, en los años 1894 y 1897, respectivamente.

La información que he podido reunir indica que Encarnación transcurrió parte de niñez en ese pequeño pueblo de los Pirineos Catalanes, rodeada de sus familiares próximos, sus padres y hermanas, de sus abuelos, tíos y primos. Allí nació, en ese medioambiente familiar, una amistad con su primo Fidel Rosell Solá [1] que duraría por años, creo yo, hasta la muerte de la Abuela.

Esa amistad nacida en ese seno familiar en Sant Salvador de Toló se fortaleció cuando sus respectivos Padres decidieron migrar a la Argentina y afincarse en la ciudad de Rosario. De esa amistad cuentan algunas de las cartas manuscritas de la Abuela Encarnación fechadas en los años 1904 a 1907 que ella le enviara a Fidel Rosell Solá, a “… Fidelet…” como ella lo nombraba afectuosamente. Una copia de estas cartas llegaron a mis manos gracias a la gentileza y bonhomía del Dr. Fidel José Rosell Andurell [2], de su Señora Esposa Doña Adelia Anita Norma Massini Moscardi, y de su hija María Patricia Rosell Massini.

No me caben dudas que esa amistad estrecha entre la Abuela Encarnación Rosell Boher y su primo Fidel Rosell Solá nació y creció durante las horas de juego compartidas y en los días de convivencia en el hogar, muchos de ellos, “… en los largos y fríos inviernos en Sant Salvador de Toló…” , tal como mi Tía Ñata (Dominga Emilia Martinez Rosell) los describió cuando me relató algunas de aquellas vivencias que la misma Abuela les había relatados a sus hijos, me imagino yo, hoy, vivencias contadas entre recuerdos y nostalgias de aquellos días de su infancia en España.

Creo que esa amistad entre la Abuela Encarnación Rosell Boher y su primo Fidel Rosell Solá también hubo de fortalecerse cuando el núcleo familiar de los hermanos Pedro, Fidel, Luis y Lorenza Rosell i Mir y sus respectivas familias se radicó en Rosario. Sobretodo, cuando todos ellos tuvieron que compartir las buenas noticias y también cuando debieron “abroquelarse” para sobrellevar las “malas nuevas” que hubieron llegado desde Sant Salvador de Toló y desde la Argentina misma.

Una muestra elocuente de ese espíritu de defensa y de convivencia, en el más estricto sentido del significado del verbo reflexivo “abroquelarse”, es la lectura de las Actas de Matrimonio y las de Bautismos de los descendientes de estas Familias Rosell i Mir y sus respectivos cónyuges. Allí, en esos documentos se pone de manifiesto la estrecha interrelación que existía entre estas familias de inmigrantes, de desde el momento mismo en que, en un acta, los padres de los contrayentes o del recién bautizado son, en otras actas y en oportunidades distintas, los testigos o los padrinos de otros contrayentes y bautizados que figuran.

Recuerdos de mi Tía Ñata sobre mi Abuela Encarnación

Mi Tía Ñata, Dominga Emilia Martinez Rosell, hermana de mi Padre, escribió una carta que llegó a mis manos muchos años más tarde, gracias a la gentileza de su hijo Horacio Raúl Lucero Martinez. En esa carta, mi Tía Ñata narró una parte de sus recuerdos de la infancia y de la vida de la familia Martinez Rosell en la casa de Chacras de Coria. Así mi Tía Ñata relató:

“… Según contaba siempre mi madre [3], su mamá [4] - o sea mi abuela materna – murió muy joven en un campo que tenían en la provincia de Santa Fe, cerca de Villa Manuel Ocampo, quedando allá Encarnación, creo que con 12 años de edad, la mayor de cuatro hermanos menores: María, Lorenza, Pedro y Luis.

No puedo suponer cómo a pesar de esa adolescencia tan sufrida, ella pudo tener siempre un carácter tan alegre y comunicativo, además de tener por norma la caridad hacia los demás….”

“… Para que sepan,… …, Don Bernardo Martinez fue un reconocido pionero de lo que después fueron los viñedos, bodegas y destilerías, y tuvo esa inteligente intuición, allá por los primeros años…” del Siglo XX “… de comprar la finca y construir la Bodega [5] en ese lugar tan único… … que es Chacras de Coria. Mi Madre, Encarnación Rosell, que lo acompañó en todo lo que significó tener ese establecimiento, fue la persona más humana, caritativa, que ayudaba a toda la población, entre otras cosas, poniendo inyecciones y proveyendo alimentos a las madres que no podían criar a sus hijos.

En nuestra casa de la Bodega se hospedó Monseñor Orzali, primer obispo de Cuyo, en lo que se llamaban visitas pastorales…”.

En efecto, la Abuela Encarnación fue una persona muy religiosa y allegada al Obispado de Mendoza. Esa vocación religiosa, creo, ha sido heredad de su familia de Sant Salvador de Toló, pues la misma Tía Ñata me comentó en el año 1994, que su “…madre se escribía con un primo suyo de España, que era sacerdote. De él supimos mientras vivió mi madre. Luego llegó a nosotros la noticia que él murió en la guerra civil española…”.

Esa misma vocación religiosa la inculcó en sus cinco hijos, quienes, cada uno a su tiempo, fueron educados en colegios católicos de la ciudad de Mendoza. Esta cuestión hoy en día, la de trasladarse diariamente entre la ciudad y Chacras de Coria es algo usual para muchos mendocinos que lo hacen por autovías pavimentadas y modernos automóviles. Pero para aquellos que, como mis Abuelos, mi Padre y mis Tíos, en los años 1920 a 1930 debieron transitar esos mismos caminos otrora de tierra y piedras, fuera en otoño, invierno y primavera, ese periplo diario significó un sacrificio mayor que seguramente puso a prueba más de una voluntad, más de alguna vocación.

La Abuela también participó, hasta su muerte en 1931, en la magna tarea de lograr que en el pueblo de Chacras de Coria se construyese una iglesia. Fue así como ella tuvo activa participación en la donación del terreno donde luego fueron construidas, primero, la Sacristía y luego la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria. No sé todavía en qué medida fue la participación de tal donación porque no he encontrado más información.

Sí sé que la Abuela tuvo una participación activa y anónima en la construcción de la Iglesia a partir de 1906. En una primera etapa se concluyó la Sacristía y ésta fue consagrada en el año 1910, En una segunda etapa se concluyó la construcción de la Iglesia, la cual fue consagrada el 01 de Setiembre de 1935.

Sé que ella donó también el que fue durante muchos años el retablo de la Iglesia. Hoy existe un retablo en la Sacristía que, según las personas que ayudan en el cuidado de la Iglesia, ése fue “… el retablo original que siempre estuvo…” allí. Si esta apreciación de estas personas es correcta, me animo a decir que ese retablo es el que la Abuela Encarnación donó.

También sé que la Abuela participó activamente en la organización de las colectas de fondos para materializar la construcción de la Sacristía y de la Iglesia. Su voluntad y decisión por colaborar llegó a un punto tal que la Abuela “arrastró” a sus hijas, mis Tías Rita y Ñata, y a su Nuera, María Catalina Ihistarry (esposa de mi Tío Fernando), para que también ellas ayudaran en la organización y el desarrollo de estos eventos. Reseñas periodísticas del Diario Los Andes de la época dan testimonio de ello, y también, de la multitudinaria participación que la comunidad de Chacras de Coria tuvo en la construcción de "su" Iglesia.

Esas colectas se realizaron de varias formas y en varios lugares, pero las más populares, las que aún hoy perduran en el recuerdo de muchos “viejos parroquianos” de Chacras de Coria, son las retretas realizadas en la plaza del pueblo, en la Plaza General Jerónimo Espejo. 

Las "vueltas de la vida" hicieron que la Abuela no alcanzara a ver la Iglesia terminada, pues el templo fue finalmente consagrado el 01 de Setiembre de 1935, cuatro años después de su muerte.



Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria, Mendoza, Argentina, consagrada el 01 de Setiembre de 1935. (Foto del Año 2011 del archivo de Eduardo Martinez Wurster)


El Altar Mayor de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria, adornado en oportunidad del casamiento de Celina Fernández Martinez, bisnieta de la Abuela Encarnación. 
(Foto del Año 2011 del archivo de Eduardo Martinez Wurster)




El primer retablo de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria, que se utilizó en la Sacristía. Si esta referencia es correcta, éste es el retablo que fue donado por la Abuela Encarnación. 
(Foto del Año 2011 del archivo de Eduardo Martinez Wurster)




Confesionario y reclinatorio de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria, que se utilizó en la Sacristía. Si esta referencia es correcta, estos muebles existían en la Sacristía en vida de la Abuela Encarnación. 
(Foto del Año 2011 del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



Crucifijo y Sagrario que se encontraban en la Sacristía de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria. Si esta referencia es correcta, este crucifijo y sagrario existían allí, en vida de la Abuela Encarnación. 
(Foto del Año 2011 del archivo de Eduardo Martinez Wurster)



Armonio Mannborg del año 1900 que se encontraban en la Sacristía de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Chacras de Coria. Si esta referencia es correcta, este armonio existía allí, en vida de la Abuela Encarnación. 
(Foto del Año 2011 del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Referencias de Luis Alberto Coria sobre mi Abuela Encarnación

La publicación “Las Chacras de Coria” de Luis Alberto Coria [6] hace referencias a las acciones de beneficencia que caracterizó a la Abuela Encarnación, sea directamente por ella misma, o indirectamente a través de la labor comunitaria del Abuelo Bernardo.

En efecto, esa publicación señala en su apartado 11:

“… 11. Surge en centro cívico. La subdivisión de los terrenos, la apertura de algunas calles y la concentración de vecinos en el centro de la localidad hizo que el mismo se fuera transformando en una pequeña villa con proyecciones mayores hacia el futuro y la que se perfila como un lugar de veraneo en lugar de ser exclusivamente un paraje agrícola.

Con este motivo y por iniciativa y gestiones del entonces director de la Escuela n° 4 de Varones,… … se obtiene la donación de un terreno para la ubicación de la plaza y de las calles adyacentes y otro para la futura iglesia y edificio policial….

La plaza fue inaugurada el 25 de Mayo de 1903 bajo el nombre de “general Jerónimo Espejo”. En 1906 se inició la construcción de la iglesia bajo el patrocinio de una comisión de damas integrada por Teresa O’Connor de Fernández, María Mazzolari y las señoritas Luz Balmaceda y Zida Sotelo y otra…” (comisión) “… de caballeros constituida por Alberto Aguinaga, José Mazzolari, Lisandro Alvarez y Ricardo Deromelis.

Se terminó primero la sacristía en 1910 y su construcción se realizó por una comisión presidida por la señora M. Angélica San Martín de Correa…”

La publicación de Luis Alberto Coria expresa en su apartado 12:

“… 12. Otros hechos progresistas. En 1909 Julia Fernandez fundó la biblioteca popular Mariano Moreno, anexa a la escuela Teresa O’Connors. Una comisión municipal del distrito que funcionó entre 1910 y 1915  presidida entre otros por Bernardo Martinez y Feliciano Torres obtuvo la instalación de corriente eléctrica en la ciudad…”.

“… En 1920 se inauguró una sala de primeros auxilios sostenida por los vecinos. La primera comisión se integró por Bernardo Martinez, Víctor Longote, Rosario Sausano, Francisco Bilbao, José F. Cabreras, Carlos Elías y Manuel Cuitiño…”.

La publicación “Las Chacras de Coria” de Luis Alberto Coria señala en su apartado 13:

“… 13. Pobladores conspicuos del corriente siglo. Entre las personas que vivieron en la localidad a principios de la centuria se recuerdan, además de los ya mencionados, a… … los benefactores Miguel Aguinaga y Encarnación Rosell de Martinez, el Teniente General Edelmiro J. Farrell, ex – presidente de la República quien en Chacras de Coria poseía una importante propiedad rural…”.

El relato de Luis Alberto Coria confirma cuanto escuetamente escribió mi Tía Ñata sobre las cualidades humanas que fueron propias de mi Abuela Encarnación.

Es más, conociendo ahora el relato de mi Tía Ñata sobre la personalidad de la Abuela percibo que ha de haber estado “la mano solidaria” y el apoyo incondicional de la Abuela Encarnación, ya sea en forma anónima y dentro de esas comisiones que obtuvieron la donación de terrenos y construyeron la sacristía hacia 1910 a las que hace referencia Luis Alberto Coria, ya sea “detrás” del Abuelo Bernardo en sus funciones en la comisión municipal (que fundó la biblioteca y la mantuvo en funciones, como en las gestiones para llevar la energía eléctrica a Chacras de Coria y para construir, poner en funcionamiento y mantener la sala de primeros auxilios),.

Referencias de la revista La Quincena Social sobre mi Abuela Encarnación

Cuando la Abuela falleció en Junio de 1931, la revista “La Quincena Social” en su edición n° 293 del 15 a 30 de Julio de 1931, publicó su reseña necrológica referida a Doña Encarnación Rosell de Martinez.



Portada de la edición n° 293 de la revista “La Quincena Social” del 15 a 30 de Julio de 1931
(Fuente de información: Colección de revistas “La Quincena Social” de la  Biblioteca Pública General San Martín de la ciudad de Mendoza) 
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)




Reseña necrológica publicada en la edición n° 293 de la revista “La Quincena Social” del 15 a 30 de Julio de 1931, sobre la Abuela Encarnación Rosell Boher
(Fuente de información: Colección de revistas “La Quincena Social” de la  Biblioteca Pública General San Martín de la ciudad de Mendoza) 
(Foto del archivo de Eduardo Martinez Wurster)

Esta nota de la revista La Quincena Social destacó lo siguiente sobre la personalidad de la Abuela Encarnación:

“… Desaparece con esta dama un alto ejemplo de cultura moral y de abnegación cariñosa, ya que sus esfuerzos generosos se aliaron desde la hora inicial de su evolución, a un industrial no menos esforzado y tesonero como lo es don Bernardo Martinez, fundador de un hogar virtuoso y distinguido donde han florecido ramas auspiciosas para nuestra sociedad, donde el apellido  goza de merecidas consideraciones y afectos.

Doña Encarnación Rosell de Martínez tenía las características simpáticas de la noble señora del hogar que se enorgullecía al ver reflejado su semblante de madre y de esposa en las pupilas de los suyos en una alta y perpetua emoción, que elevaba el concepto de cuantos la conocieron y pudieron apreciar la belleza de sus virtudes morales.

Sencilla, humanitaria y laboriosa, era la recordada extinta uno de los exponentes superiores que saben hacer patria y saben levantar el concepto de la sociedad consagrándose con amor y altruismo a enaltecer su hogar y trazarle rumbos certeros en la vida; a irradiar sus puros sentimientos en torno de cuantos le rodeaban o golpeaban sus puertas en demanda de protección, para convertirse luego y a todas horas, en la colaboradora inteligente y asidua de su esposo, identificándose en sus inquietudes y esperanzas, que se transfundían invariablemente a sus hijos.

El sepelio de sus restos exteriorizó con elocuencia el dolor producido por esta lamentable desaparición, testimoniando a la familia de Don Bernardo Martinez los nutridos afectos que la extinta había sabido conquistar en su trayectoria por la vida…”.

El legado de mi Abuela Encarnación

Nuevamente debo decir que a mi Abuela Encarnación no la conocí, y de ella sólo tengo como referencias aquellos recuerdos que me fueron transmitidos y todo cuanto los documentos que he encontrado expresan por sí mismos.

Ese conjunto de referencias contadas y escritas sobre la Abuela Encarnación, plenas de valores morales y éticos, no son novedosas para mí, sino por el contrario, yo las conocí en el seno de mi hogar familiar cuando empecé a tener uso de mi razón, y de allí las aprendí.

Tengo asumido que esos valores morales y éticos que yo asimilé en mi hogar son los mismos que los Abuelos Encarnación y Bernardo pusieron como una impronta en su hogar, y ellos son, precisamente, el verdadero legado que nosotros, sus nietos, hemos heredado de nuestros Abuelos.






[1] Fidel Rosell Solá fue hijo de Don Fidel Rosell i Mir (hermano del padre de Encarnación: Pedro Rosell i Mir) y de Doña Adelaida Solá. La familia Rosell Solá también migró a Argentina y en el año 1895 ya se encontraba radicada en la Segunda Sección de la ciudad de Rosario, en el mismo vecindario donde vivían sus hermanos, mi Bisabuelo Pedro, Luis y Lorenza Rosell i Mir.

[2] El Dr. Fidel José Rosell Andurell fue hijo de Fidel Rosell Solá y de María Andurell Coiset, nieto de Don Fidel Rosell i Mir y Doña Adelida Solá, y bisnieto de mis Tatarabuelos Don Pedro Rosell i Ribó  (natural de Sant Salvador de Toló, Lérida, España) y Doña Rosa Mir i Monill (natural de Figuerola d’Orcau, Lérida, España).

[3] Se refiere a mi Abuela Encarnación Rosell Boher

[4] Se refiere a mi Bisabuela Rita Boher i de Carabassa

[5] Se refiere a la bodega ubicada en la calle Pueyrredón 1210 de Chacras de Coria, Mendoza, donde hoy funciona el establecimiento vitícola “Cavas Rosell Boher”.

[6] La publicación “Las Chacras de Coria” de Luis Alberto Coria fue realizada por el Diario Uno de Mendoza.